La escalada internacional en los precios de la energía, impulsada por tensiones geopolíticas y desajustes en la oferta, plantea un escenario complejo para la Argentina. Según el análisis del economista Martín Redrado, el país enfrenta un «shock de oferta» que combina efectos positivos y negativos sobre sus cuentas externas y la inflación doméstica.
Un balance con luces y sombras
En una entrevista televisiva, Redrado, quien dirigió el Banco Central entre 2004 y 2010, desglosó las consecuencias del nuevo contexto. Por un lado, destacó que con el barril de petróleo cotizando alrededor de los 90 dólares, el país obtendría un beneficio adicional estimado en 1.200 millones de dólares por exportaciones este año. Este ingreso mejora el balance comercial y energético nacional.
Sin embargo, la otra cara de la moneda es el fuerte impacto en las importaciones de gas natural licuado (GNL) necesarias para abastecer la demanda durante el invierno. Según sus cálculos, el país deberá desembolsar unos 1.400 millones de dólares adicionales para la compra de 28 buques cargados, un costo que prácticamente neutraliza las ganancias por ventas de crudo.
La presión sobre los precios internos
El punto más sensible para la economía interna, según el análisis, es el desfase en las naftas y gasoil. Redrado afirmó que, con los valores actuales del petróleo, el precio de los combustibles en surtidores argentinos presenta un atraso cercano al 30%. Este rezago genera una presión inflacionaria latente, que se estaría trasladando de manera gradual al mercado interno, principalmente a través de YPF, la empresa líder del sector.
Infraestructura: la deuda pendiente
El economista abordó también el tema de la capacidad de transporte de gas, señalando que la falta de obras adecuadas es un obstáculo clave. «Argentina tiene el gas, simplemente es un problema de transporte», afirmó. En este sentido, mencionó que actualmente es el sector privado el que está impulsando proyectos de infraestructura, como los oleoductos Oldelval 2 y Oldelval Sur, y un buque regasificador previsto para 2028.
Redrado recordó que la administración anterior priorizó el Gasoducto Néstor Kirchner, orientado al abastecimiento interno del área metropolitana, por sobre obras destinadas a potenciar la exportación. Si bien consideró que algunas iniciativas llegaron tarde, enfatizó la importancia de «mirar hacia adelante» y apuntalar las inversiones en curso para fortalecer la matriz energética del país a largo plazo.