Quienes caminan por la emblemática Plaza Italia en Buenos Aires se encuentran con un monumento dedicado a una figura de alcance mundial: Giuseppe Garibaldi. Sin embargo, lo que muchos desconocen es que el estratega que unificó Italia moldeó su carácter y su arte de la guerra en los territorios del Cono Sur, donde vivió entre 1835 y 1848.
El exilio sudamericano
Tras escapar de una condena a muerte en su país natal, el joven marinero desembarcó en Río de Janeiro en 1835. Su primera experiencia bélica en el continente fue en la Guerra de los Farrapos, en el sur de Brasil, luchando por la República Riograndense. Allí no solo se destacó por su valor, sino que también conoció a quien sería su compañera de vida y de batallas, Anita Ribeiro.
Maestro de la guerra fluvial en el Río de la Plata
Instalado en Montevideo a partir de 1841, Garibaldi se involucró en la Guerra Grande, el prolongado conflicto entre los bandos colorado y blanco de Uruguay. Al mando de la Legión Italiana, desarrolló tácticas innovadoras que marcarían su estilo. Utilizó flotillas de embarcaciones ligeras para realizar incursiones sorpresa por los ríos Paraná y Uruguay, desembarcando tropas en puntos inesperados para hostigar al enemigo.
Tácticas aprendidas y batallas legendarias
Garibaldi se adaptó rápidamente al terreno y a las costumbres locales. Aprendió a montar a la usanza gaucha, a emplear boleadoras e integró lanceros en sus fuerzas. Sus victorias más resonantes en suelo uruguayo incluyen la Batalla de San Antonio de 1846, donde, superado ampliamente en número, logró resistir un asedio de horas con grandes pérdidas pero deteniendo el avance enemigo.
Sus acciones también alcanzaron territorio argentino. En 1845, ocupó y saqueó la ciudad de Gualeguaychú, un episodio del cual el propio Garibaldi admitiría posteriormente en sus memorias, atribuyendo esos actos a la naturaleza mercenaria de la guerra en ese contexto. Previamente, su flota había sido derrotada por el almirante Guillermo Brown en la batalla de Costa Brava.
El regreso a Europa y el legado
En 1848, con los vientos de cambio revolucionario soplando en Europa, Garibaldi regresó a Italia. La experiencia adquirida en Sudamérica resultó invaluable. Las tácticas de movilidad rápida, el uso de infantería irregular y el aprovechamiento del terreno y del apoyo local, que perfeccionó en las llanuras y ríos del Plata, fueron aplicadas con éxito en las campañas de los Cazadores de los Alpes y en la épica Expedición de los Mil.
Estas campañas fueron decisivas para la unificación italiana, que se concretó en 1861. Aunque su papel posterior en la política del nuevo reino fue menos destacado, su imagen como héroe nacional ya estaba cementada. Giuseppe Garibaldi falleció en la isla de Caprera en 1882, dejando tras de sí una leyenda bicontinental, forjada tanto en las costas del Mediterráneo como en las aguas turbias del Río de la Plata.