La reciente victoria legal de Argentina en la Corte de Apelaciones de Nueva York por el caso de la expropiación de YPF fue recibida con declaraciones de alto voltaje por parte del Presidente Javier Milei, quien dirigió fuertes calificativos contra el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. Este episodio reavivó el debate sobre el tono del discurso público y su impacto en la ya fracturada sociedad.
Cuando la forma opaca el fondo
Más allá de la postura ideológica respecto a la expropiación de 2012, que el propio Presidente dijo no compartir y anunció su intención de modificar la ley, fueron las palabras elegidas las que captaron la atención. Expertos señalan que este tipo de expresiones, cargadas de agravios personales, dificultan el debate sobre los méritos o defectos de una política de Estado, generando un rechazo visceral que bloquea cualquier posible punto de encuentro.
La ciencia detrás de la grieta emocional
Para comprender este fenómeno, PERFIL dialogó con Ernesto Calvo, politólogo argentino y profesor en la Universidad de Maryland, Estados Unidos. Calvo, cuyo trabajo ha sido premiado, dirige un laboratorio que estudia cómo los afectos moldean la política contemporánea.
«Hace 30 o 40 años, pensar que los afectos, el enojo o el apego tenían un rol central en las decisiones políticas hubiera sido considerado ridículo dentro de la academia», explica Calvo. «Sin embargo, todo comenzó a cambiar hace unos 15 años, cuando se hizo evidente que los votantes incorporaban elementos emocionales de un modo que antes se descartaba».
El experimento del globo que se infla
Calvo ilustra el mecanismo de la polarización afectiva con una metáfora clara: imaginar un globo terráqueo donde cada persona tiene una posición fija. «Cuando el globo se infla, todos se alejan entre sí. Cada uno percibe a los demás más a la izquierda o más a la derecha, pero en realidad nadie se movió de su lugar original. Lo que cambió es la distancia percibida», detalla.
«Ese ‘globo’ se infla con el enojo. Lo notable es que podemos medir este efecto. A esto se le llama ‘asimilación y contraste’: cuando estamos enojados, literalmente vemos a los otros más lejos y más extremos», agrega el investigador.
El poder de los insultos sobre las ideas
Para demostrarlo, Calvo y su equipo realizaron un estudio mostrando tuits con acusaciones personales graves (pero no vinculadas a políticas públicas) contra figuras como Donald Trump y Hillary Clinton a un grupo de encuestados. «El resultado fue que, tras ver esos mensajes, las personas percibieron una distancia partidaria mucho mayor. El insulto personal, aunque no hable de impuestos o salud, hincha el globo de la polarización», concluye.
Este análisis sugiere que, independientemente de los argumentos técnicos o económicos que un gobierno pueda esgrimir, un discurso que prioriza el agravio personal contribuye a inflar ese «globo» social. La consecuencia es una ciudadanía que se percibe más dividida y distante, donde el disenso se transforma en animadversión, dificultando la construcción de acuerdos básicos para el funcionamiento de la democracia.