El crecimiento económico en Europa se debilita y la inflación se acelera, generando desafíos industriales y fiscales tras el recrudecimiento de las tensiones en el Golfo.
El costo económico derivado del conflicto con Irán está impactando en Europa, donde un crecimiento más débil y una inflación más rápida amenazan con intensificar las presiones industriales, fiscales y políticas en toda la región. La situación, cuyo desenlace sigue siendo incierto, está llevando a varios países a revisar a la baja sus expectativas de producto interno bruto mientras se preparan para un repunte de precios impulsado por la energía.
Para un continente que recién comenzaba a dejar atrás los efectos del conflicto en Ucrania, esto implica un posible retorno parcial a políticas de apoyo económico. Los bancos centrales podrían girar hacia aumentos en las tasas de interés. Para las empresas, el impacto ya afecta a sectores intensivos en recursos, como la industria química alemana, con un riesgo creciente de que se extienda más ampliamente a medida que se erosionan los ingresos de los hogares.
Los ministros de Finanzas de la Unión Europea analizarán la situación en una reunión este viernes, donde serán informados por el director de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, en una videollamada de urgencia para evaluar el impacto y coordinar medidas de alivio.
«Está muy claro que los sectores intensivos en energía son los primeros y principales afectados», dijo Christian Keller, jefe de investigación económica de Barclays. «Pero cuanto más dure, se trasladará a todos los sectores, a todos los precios de insumos».
A medida que los mercados de petróleo y gas suben y los indicadores de confianza se desploman, países como Alemania e Italia evalúan recortes a sus proyecciones oficiales de crecimiento. Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, señaló en un reciente podcast que el shock actual «probablemente va más allá de lo que podemos imaginar en este momento».
La industria química alemana, duramente golpeada por el aumento de costos energéticos en 2022, ha advertido sobre posibles recortes en la producción. Empresas de transporte marítimo como Hapag-Lloyd AG enfrentan costos adicionales millonarios semanales por combustible, seguros y almacenamiento, intentando recuperar parte mediante cargos de contingencia.
Estos costos amenazan con trasladarse a toda la cadena de suministro, encareciendo la vida para los consumidores. En Francia, la proporción de hogares que espera un mayor aumento de precios en el próximo año ha subido considerablemente. Empresas minoristas como la británica Next Plc y la sueca H&M han advertido sobre posibles aumentos de precios y un freno al consumo si el conflicto se prolonga.
Los datos de inflación de España para marzo, los primeros de una gran economía europea, mostraron un aumento menor al esperado, aunque la cifra se mantuvo muy por encima del objetivo del 2% del BCE.
El giro en la trayectoria económica de la región plantea interrogantes sobre la capacidad del bloque para actuar con mayor autonomía en un contexto geopolítico complejo. Financiar medidas de apoyo económico también es un desafío, ya que solo unos pocos países, como Alemania, cuentan con un margen fiscal relevante. Antonio Barroso, analista senior de geoeconomía, señaló que «la política fiscal sigue siendo la principal herramienta para proteger a los votantes de la inflación», aunque no todos los países tienen margen para implementar apoyos generalizados.
En el Reino Unido, la necesidad de recurrir a unas finanzas públicas ya tensionadas para aliviar el costo de vida alimenta movimientos populistas en el espectro político.