En El Impenetrable chaqueño, Susana Paz asiste a su marido, a quien le amputaron ambas piernas, y a dos cuñados con enfermedades crónicas, mientras gestiona las necesidades del hogar.
CHACO.- En el paraje Sol de Mayo, ubicado en la región de El Impenetrable chaqueño, la rutina de Susana Paz está marcada por el cuidado integral de su familia. Su esposo, Felipe Serrano, perdió ambas piernas tras una amputación hace algunos meses. Además, Susana asiste a sus dos cuñados: Francisco, de 65 años y con epilepsia, y Walter, de 62, quien convive con un cuadro avanzado de Mal de Chagas que limita sus movimientos. Su hijo menor, Mateo, de 8 años, aún vive en el hogar.
«Me convertí en una especie de enfermera», expresa Susana. «Son tres personas con discapacidad y yo me hago cargo de todo. Es día y noche el cuidado, la alimentación, la higiene. No tengo ayuda para solventar los gastos de medicinas, alimentos o los elementos de higiene, que son fundamentales», relata.
Hasta hace un año, Felipe era el sostén económico del hogar, trabajando en el monte. Un accidente ocurrido hace once años, cuando se cayó de un árbol, derivó en problemas de circulación que culminaron en la amputación. La familia invirtió sus recursos para trasladarse los 550 kilómetros que separan su vivienda del hospital en Resistencia, donde Felipe permaneció internado siete meses.
Cada traslado de Felipe, ya sea para ir al baño, cambiarse o bañarse, requiere la asistencia física de Susana, quien debe alzarlo y mover su silla de ruedas por un terreno irregular. La situación se complejiza porque tanto Susana como su hija Marinés, de 17 años, también tienen diagnóstico de Mal de Chagas.
«Antes yo era el que encabezaba la casa, cocinaba, atendía los animales. Ahora, con mi proceso, se fue todo abajo», dice Felipe, visiblemente emocionado. La familia enfrenta dificultades para mantener sus actividades cotidianas y productivas en un contexto de necesidades insatisfechas.