Una empresa argentina, en colaboración con una semillera francesa, logró resultados positivos en pruebas con maíces precoces desarrollados para Siberia, abriendo una nueva posibilidad productiva para el sur del país.
El potencial agrícola de la Patagonia continúa expandiéndose. La empresa Lilab SA, fundada por el argentino Max Literas y el francés Patrice Laboulet, realizó ensayos con el INTA en 19 localidades patagónicas, desde el Río Negro hasta Tierra del Fuego, utilizando híbridos de maíz desarrollados originalmente para regiones frías como Siberia y Finlandia.
Los materiales evaluados, conocidos como maíces Soft Flint, fueron seleccionados genéticamente por la firma Laboulet Semences para tolerar el frío y lograr una rápida liberación de humedad del grano, alcanzando la madurez fisiológica en ciclos cortos. Este atributo es considerado un nicho vacante en la región patagónica.
«El balance es sumamente positivo», afirmó Literas en diálogo con +P. Los ensayos, que cubrieron unas 40 hectáreas en total, se realizaron en localidades como Chos Malal (Neuquén), Viedma (Río Negro), Trevelin (Chubut), Perito Moreno (Santa Cruz) y Río Grande (Tierra del Fuego). Pese a una siembra tardía, se logró cosechar granos con madurez fisiológica en la mayoría de los sitios.
Los mejores resultados se observaron en zonas cordilleranas como El Hoyo y Trevelin, donde los maíces ultraprecoces tuvieron un desarrollo «espectacular». También hubo buenos resultados en áreas como Perito Moreno, Trelew y Gaiman. La excepción fue Río Grande, donde las plantas no se desarrollaron adecuadamente, posiblemente por condiciones específicas del suelo.
A la luz de estos resultados, la empresa planea inscribir comercialmente entre tres y cuatro variedades de maíces precoces (ciclos menores a 100 días) y ultraprecoces (alrededor de 90 días) para la próxima campaña. El objetivo principal es la producción de grano con madurez fisiológica y doble propósito (grano y forraje).
Literas aclaró que se trata de maíces no modificados genéticamente (no GM), desarrollados a partir de selección genética tradicional. La empresa considera que estos materiales podrían ser una herramienta valiosa para el desarrollo ganadero y agrícola en la Patagonia, aprovechando el potencial de riego de la región.