El mundo del cuidado personal evoluciona con técnicas que combinan ciencia y estética, priorizando la funcionalidad y la experiencia personal.
El sector de la belleza está experimentando una transformación, donde las tendencias ya no se limitan a lo visual, sino que incorporan aspectos funcionales, promesas de resultados y la construcción de una experiencia integral. La luz infrarroja, los parches para el acné, los sérums para el cuero cabelludo, la superposición de perfumes y el regreso de las uñas cortas son algunas de las manifestaciones de este cambio.
La fotobiomodulación, antes reservada a ámbitos médicos y deportivos, se integra ahora en rutinas de bienestar más amplias. Pedro Santos Mendiola, de Boss Recovery, explica que la tecnología infrarroja penetra en los tejidos y actúa a nivel celular, estimulando procesos relacionados con la energía y reduciendo la inflamación. La dermatóloga Belén Hirigoity señala que sus aplicaciones incluyen antienvejecimiento, cicatrización y tratamiento del acné, aunque advierte sobre la necesidad de estandarizar parámetros de uso.
El cuidado del cabello también amplía su enfoque hacia el cuero cabelludo, considerado literalmente piel. Junto a tratamientos lumínicos, han ganado popularidad sérums y lociones con activos como ácido salicílico, cafeína, niacinamida o aceite de romero.
Los parches para el acné, popularizados por marcas como Starface, han trascendido su función íntima para volverse un elemento visible, casi parte del estilo personal. Hirigoity explica que funcionan como apósitos que absorben, favorecen la cicatrización y protegen la lesión. Esta visibilidad también se observa en parches para el contorno de ojos, un mercado en expansión.
En cuanto a la estética de las manos, se impone un giro hacia la discreción. Lucía Levy, periodista de @lacurvadelamoda, observa que en un contexto global más conservador, la estética se vuelve más silenciosa, lo que se refleja en el abandono de las uñas XXL a favor de un estilo más contenido.
Finalmente, la personalización llega al mundo de las fragancias con la técnica del ‘perfume layering’ o superposición de aromas. La cosmetóloga Daniela López (@dadatina) destaca que la idea es crear una firma olfativa única combinando diferentes productos, marcando un distanciamiento de los perfumes masivos.