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Mujeres que abrazan a hijos ajenos: el programa que brinda contención a bebés abandonados

En un hospital público de Santiago de Chile, un grupo de voluntarias participa de un plan piloto que busca brindar abrazos y sostén emocional a recién nacidos que carecen de cuidados parentales.

“El mundo es eso. Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende”.

Este fragmento de “El libro de los abrazos”, de Eduardo Galeano, resuena al pensar en ellas: las mujeres voluntarias que se dedican a lo que podría llamarse el oficio más bello del mundo. ¿Qué hacen? Abrazan a hijos ajenos: bebés de apenas días o meses que no tienen quien los sostenga, quien les cante una canción de cuna, quien los calme cuando lloran. Ellas son su primer contacto con el mundo, ese contacto iniciático y fundamental que determinará su desarrollo emocional.

Los bebés que estas mujeres abrazan fueron abandonados, están a la espera de ser adoptados o, por alguna razón, sus padres no están en condiciones de hacerse cargo de ellos. Esto ocurre en un hospital público de Santiago de Chile. Las voluntarias integran un plan piloto de la fundación Abrázame.

El programa que lleva este nombre nació en 2015, inspirado en una declaración del psiquiatra y psicoanalista Eduardo Jaar en un reportaje de la revista Paula: “Estas guaguas están muy solas”, decía el especialista, a partir de la observación directa de bebés que carecían de la contención emocional de los padres desde el nacimiento y hasta los primeros seis meses de vida. Esto tiene consecuencias a futuro, ya que se trata del período en que empiezan a forjarse las bases de la identidad. Así nació el proyecto, en busca de voluntarios capaces de brindar todo lo que a esos chiquitos les faltaba.

“El abrazo poético, como el abrazo carnal, mientras dura, prohíbe toda caída en la miseria del mundo”, decía André Breton. Si lo sabrán ellas, las voluntarias, esos fueguitos de los que hablaba Galeano, dispuestas a acunar y encender otros fuegos futuros.

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