Un repaso por las armas de fabricación argentina que con mayor frecuencia requieren servicio técnico, según el testimonio de un mecánico armero certificado.
En el taller de un armero, las historias se repiten. Cambia la marca, el dueño, el campo o el polígono, pero las causas son las mismas: uso cotidiano, falta de limpieza, lubricación inadecuada, fatiga de piezas y, en ocasiones, munición que acelera el desgaste. Un problema estructural que atraviesa a casi todas estas armas con años de uso es la falta de repuestos. Lo que se rompe se reconstruye o se fabrica, con criterio y responsabilidad.
Carabina Mahely M-11 (.22 LR)
Popular entre cazadores nacionales. Semiautomática de retroceso por inercia de masas, construida en acero; el cajón de mecanismos suele ser de antimonio, aunque hay versiones en acero. Precisa y de mantenimiento accesible, pero con un punto crítico: la rosca del tapón que sujeta el resorte recuperador. El uso con munición de alta velocidad puede provocar ruptura o degüello. La aguja percutora y el extractor son relativamente simples de reproducir. También aparece un inconveniente en el casete del sistema de disparo: una sujeción incorrecta puede impedir el accionamiento correcto. La M-21 repite el sistema y cambia la estética.
Carabina Halcón Modelo 62 (.22 LR)
Semiautomática por inercia de masas, sistema simple y construcción totalmente en acero. Confiable y precisa. Los inconvenientes suelen derivar del mal mantenimiento y falta de limpieza; sus piezas no presentan mayores problemas. En términos de taller: llega poco, y cuando llega, suele ser por lo obvio.
Carabina Rubí Extra Modelo 65 (.22 LR)
Semiautomática a bloque abierto, con aguja percutora incorporada en el cerrojo en forma de hacha y sin uña extractora: la vaina es expulsada por gases. Muy fiable, pero con advertencias concretas: fatiga del resorte del seguro del cargador; si falta, el arma puede volverse problemática y peligrosa. Otro punto delicado es el fiador: cuando se gasta, puede derivar en disparos en ráfaga.
Carabina Rubí Extra Modelo 71 (.22 LR)
Evolución más sofisticada, de gran calidad, con bloque cerrado y mejora notable de precisión. Presenta desgaste prematuro del fiador: con el uso puede escaparse algún disparo. En el taller aparece menos que otras.
Carabina Bataan Súper 54 (.22 LR)
De calidad inferior a Halcón en términos generales, pero económica y fiable. Problemas típicos: aguja percutora débil, deformación del asiento donde impacta el martillo, cargadores de chapa fáciles de deformar, desgaste del anclaje del cajón de mecanismos y punto de mira/calibración poco amigable.
Carabina Bersa 550 y 430 (.22 LR)
Semiautomática, acero con muchos componentes plásticos. Problemas por fragilidad de esos plásticos: guardamonte, brocal del almacén del cargador, aparatos de puntería. Un problema serio en el cerrojo: el orificio para una manivela grande debilita el conjunto y puede partirse con munición de alta velocidad.
Escopeta Centauro Modelos 26 y 30
Fabricada en múltiples calibres, muy usada en el Interior para protección del hogar y caza. Provistas con caños de acero de empresas petroleras. Copia mejorada de la Stevenson, mecanismo fiable y sencillo. Resistente a malos tratos; cierre, extractor y aguja percutora, fáciles de reparar.
Todas las armas mencionadas siguen en tenencia y operativas, pero faltan repuestos. Lo mismo sucede con otros modelos de Rubí Extra, Bersa, Sportman, Jumbo, Ariete, Diana, FM Deportiva, Tala y Comando.
Escopeta Brenta Monotiro (16–20–28–32)
Mecanismo simple y confiable. Cierres y básculas reforzadas. El mal cuidado y la falta de lubricación aceleran el desgaste del cierre. Resortes y aguja percutora de fabricación sencilla. Punto crítico: el extractor depende de una pieza en “U” que suele perderse en desarmes sin experiencia. Advertencia: en modelos de martillo interno, al cerrar la escopeta queda armada.
Carabina Saurio Modelos 600 y 700 (.22 LR)
Muy apreciadas por precisión gracias a sus 16 microestrías. Copia de la Stevenson Mod. 88. Problemas centrales: alimentación y un doble extractor que se desgasta y puede salirse. En el modelo semiautomático aparece desalineamiento del cerrojo. Exige limpieza y lubricación.
El análisis de las marcas de la historia argentina muestra que, con las nacionales viejas, la diferencia entre “sigue andando” y “se volvió peligrosa” suele ser una: mantenimiento y criterio profesional.