Kosovo realiza este domingo sus terceros comicios en 18 meses, marcados por la ruptura entre el primer ministro en funciones, Albin Kurti, y la ex presidenta Vjosa Osmani, el deterioro de las relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea, y el estancamiento de su proceso de integración europea.
Skopie, 6 jun (EFE). Kosovo celebra este domingo sus terceras elecciones en 18 meses en un contexto de polarización política, ruptura entre el primer ministro en funciones, Albin Kurti, y la ex presidenta Vjosa Osmani, deterioro de las relaciones con Occidente y estancamiento de sus aspiraciones de integrarse en la Unión Europea (UE).
Los comicios anticipados fueron convocados luego de que el Parlamento no lograra elegir un nuevo jefe de Estado en abril, lo que refleja la dificultad de la clase política kosovar para alcanzar consensos en un país con una democracia joven.
Kosovo, territorio de aproximadamente dos millones de habitantes y mayoría étnica albanesa, proclamó su independencia de Serbia en 2008 de forma unilateral. Belgrado no reconoce esa decisión, que tampoco es aceptada por China, Rusia y cinco Estados de la UE (España, Eslovaquia, Rumanía, Grecia y Chipre).
La campaña electoral estuvo dominada por la rivalidad entre Kurti, líder nacionalista del partido Autodeterminación y favorito en los comicios, y Osmani, ex aliada política y figura popular. Ambos llegaron al poder en 2021 con una agenda de reformas y lucha contra la corrupción, pero su alianza se rompió cuando Kurti rechazó respaldar la reelección de Osmani para un segundo mandato presidencial.
Osmani se reincorporó a la Liga Democrática de Kosovo (LDK), formación opositora, y centró su discurso en denunciar la concentración de poder en Kurti y en defender una mejor relación con los socios occidentales. Kurti, de 51 años, ha tensado las relaciones con Estados Unidos y la UE por su estrategia de reducir la influencia de Serbia entre la minoría serbia del norte de Kosovo.
Osmani, jurista de 44 años, es considerada más pragmática y mantuvo como presidenta buenas relaciones con Washington y Bruselas, los dos grandes aliados de Kosovo. En los últimos años, el Ejecutivo impulsó medidas como la sustitución de matrículas serbias por kosovares, la prohibición del uso del dinar serbio y el cierre de instituciones financiadas por Belgrado en territorio kosovar.
Estas decisiones recibieron críticas de Bruselas y Washington, que acusaron a Pristina de adoptar medidas unilaterales que aumentan la tensión regional y dificultan un acuerdo con Belgrado. Como consecuencia, la UE congeló parte de su cooperación financiera con Kosovo y limitó los contactos políticos de alto nivel, mientras que Estados Unidos redujo algunos ámbitos de colaboración bilateral.
La tensa relación con Serbia sigue siendo uno de los principales obstáculos para el avance internacional de Kosovo. La UE mantiene que la normalización de los vínculos entre ambos países es condición indispensable para su futura integración comunitaria. Kosovo es el único país de los Balcanes Occidentales que no tiene el estatus oficial de candidato a la adhesión.
Kurti sostiene que cualquier avance duradero pasa por el reconocimiento formal de la independencia de Kosovo por parte de Serbia, mientras que la oposición apuesta por una estrategia más gradual basada en la normalización progresiva bajo mediación europea.
No se publicaron sondeos durante la campaña electoral. Kurti parte como favorito tras haber obtenido el 51 % de los votos en las elecciones de diciembre pasado. Analistas locales consideran que el respaldo de Osmani podría impulsar al LDK y reducir la ventaja de Autodeterminación. El resultado dependerá también del comportamiento electoral de la diáspora kosovar, cuyos más de 110.000 votantes registrados podrían tener un papel decisivo.