La actuación de la selección argentina en el Mundial de fútbol genera expectativas deportivas y debates sobre su posible impacto en la atención ciudadana y la actividad política.
Dentro de pocas horas comenzará el Mundial de fútbol, que por primera vez se disputará en tres países: México, Estados Unidos y Canadá. Participarán 48 selecciones y se jugarán 104 partidos en 16 ciudades. La FIFA, organizadora del evento, obtendrá ganancias millonarias en un contexto de controversia por el precio de las entradas.
En Argentina, el torneo tiene un significado especial debido a la pasión por el equipo dirigido por Lionel Scaloni, que defiende el título obtenido en Qatar 2022. Desde sectores del poder político se menciona un posible «efecto anestésico» que la actuación argentina podría generar en la población, funcionando como mecanismo de distracción masiva.
Históricamente, algunos gobiernos han buscado aprovechar eventos deportivos para desviar la atención de medidas controvertidas o hechos conflictivos. También se observa una tendencia a postergar debates nacionales y decisiones legislativas o judiciales hasta después del Mundial.
Según se ha señalado, ni los funcionarios de los tres poderes del Estado ni los ciudadanos deberían desentenderse de sus responsabilidades por razones futbolísticas. Las investigaciones sobre corrupción pública y las maniobras de la dirigencia de la Asociación del Fútbol Argentino continúan vigentes.
El rabino Marcelo Polakoff indicó que, aunque el Mundial sea un evento de gran magnitud cada cuatro años, resulta menos relevante que lo que sucede cotidianamente en el país.