Según un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA), el consumo de carne vacuna en Argentina se redujo a 47,5 kilos por habitante por año, una caída interanual del 6,1%. El dirigente ruralista Javier Rotondo señaló que la solución pasa por aumentar la producción.
El consumo de carne vacuna en Argentina alcanzó su nivel más bajo en 20 años: 47,5 kilos por habitante por año, según el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA). La caída interanual fue del 6,1%.
Javier Rotondo, dirigente ruralista, indicó que el fenómeno tiene múltiples causas. Una de ellas es estructural: en los años 70, Argentina tenía 55 millones de cabezas de ganado y menos de 30 millones de habitantes. Actualmente, hay 49 millones de cabezas y casi 50 millones de personas.
Rotondo también señaló un cambio en los hábitos alimentarios: «En la década del 70 y el 80, el argentino comía aproximadamente entre 4 y 5 kilos de carne porcina, el 90% en chacinados». Hoy, según afirmó, «la sumatoria de pollo y cerdo supera el consumo de carne vacuna», con un promedio de 50 kilos por habitante por año entre ambas proteínas.
El informe de CICCRA indica que entre enero y mayo de 2026, el mercado interno absorbió 855.750 toneladas res con hueso, 106.700 toneladas menos que en el mismo período de 2025, una contracción del 11,1%.
Rotondo sostuvo que el argentino sigue siendo, a nivel global, quien más proteína animal consume por habitante, y que el cambio es de sustitución, no de abandono.
En cuanto a la discusión sobre frenar exportaciones para abaratar la carne, Rotondo afirmó que los controles de precio y los cupos de exportación aplicados por distintos gobiernos «desincentivaron la producción y agravaron el problema de fondo». Puso a Brasil como ejemplo: «Brasil pasó por distintos gobiernos de izquierda y derecha, pero la política de expansión ganadera fue constante».
La propuesta de Rotondo apunta a aumentar la producción por animal y retener más hembras para expandir el rodeo. «Para que eso pase tiene que haber una política de incentivo y tenemos que producir un millón de novillos más», afirmó. También reconoció que retener terneras reduce temporalmente la oferta de carne, pero consideró que «ese ciclo complejo inevitablemente se tiene que dar».
Rotondo evaluó que el contexto actual es diferente a crisis anteriores: «Lo que veo ahora es que hay un gobierno que no pretende manipular ni electoral ni políticamente el mercado de la carne». Añadió que la no intervención en los precios y la baja de la inflación generan previsibilidad e incentivos para la producción. No obstante, aclaró que al gobierno «le queda mucho por andar» en la reducción de costos fiscales.