El monarca británico pagó más de 30 millones de libras en impuestos desde 2022 y decidió no instalarse en la residencia histórica una vez finalizadas las obras de renovación.
PARÍS.- En una sola semana, el rey Carlos III marcó la historia de la monarquía británica a través de dos decisiones inéditas. La Casa Real reveló que el soberano pagó más de 30 millones de libras esterlinas (35 millones de euros) en impuestos sobre sus ingresos privados desde su ascenso al trono en 2022, un hecho sin precedentes para un monarca británico, y anunció al mismo tiempo que no se instalará en el Palacio de Buckingham una vez finalizadas las obras de renovación.
El pasado 25 de junio, el palacio confirmó que Carlos III y la reina Camila no se instalarán en la residencia histórica una vez finalizado el programa de renovación de 369 millones de libras (428 millones de euros), iniciado en 2017 y cuya conclusión está prevista para 2027. Es un hecho inédito en casi dos siglos: desde la reina Victoria, cada monarca británico había convertido Buckingham en su residencia en Londres.
En su lugar, los reyes permanecerán en Clarence House, su residencia actual ubicada no lejos del palacio, manteniendo Buckingham como el ‘centro ceremonial de la vida real’, según los términos oficiales. De este modo, este último pasará a ser un espacio dedicado íntegramente a funciones simbólicas —recepciones de Estado, actos oficiales— y abrirá más sus puertas al público.
Construido en la década de 1820, el palacio de Buckingham ha sido la residencia londinense de todos los monarcas británicos desde la reina Victoria. El inmueble cuenta con 775 habitaciones, alberga las oficinas de la administración real y es escenario de suntuosos banquetes de Estado para presidentes y dignatarios de visita.
‘Espero un segundo acto para Buckingham’, declaró Carlos III a la agencia de noticias Associated Press (AP), aludiendo a ‘propuestas más radicales’ para el futuro del palacio.
Otro hito fundamental: por primera vez, un monarca británico ha hecho pública su declaración de impuestos. El jueves 25 de junio, el Palacio de Buckingham reveló que Carlos III pagó 12,9 millones de libras (15 millones de euros) correspondientes al ejercicio 2024-2025, lo que eleva el total a más de 30 millones de libras desde 2022. Esa cifra incluye el impuesto sobre la renta y el de las plusvalías, aplicados a sus ingresos privados, procedentes principalmente de sus propiedades personales de Balmoral, en Escocia, y Sandringham, en Inglaterra.
‘Aunque es una primicia para un soberano, Su Majestad ya publicaba su información fiscal cuando era príncipe de Gales’, recordó Buckingham.
La monarquía británica atraviesa un periodo de crisis de su imagen. Estos anuncios se producen mientras la familia real intenta cambiar la narrativa tras meses de titulares sobre los vínculos entre el delincuente sexual Jeffrey Epstein y el expríncipe Andrés, hermano del rey.
Según Craig Prescott, experto en derecho constitucional de la Universidad de Londres, al mostrar una transparencia máxima, el contraste con Andrés será aún mayor. Carlos no tiene ninguna obligación legal de hacerlo: la situación fiscal del rey es estrictamente confidencial, pero ha decidido renunciar a ese derecho a la privacidad.
La Casa Real se enfrenta a una presión cada vez mayor en favor de la transparencia de sus cuentas, y el Sovereign Grant —la dotación financiada por los contribuyentes— alcanzará 132,1 millones de libras (153 millones de euros) en el periodo 2025-2026.
‘El palacio reconoce que necesita una mayor transparencia’, señaló el especialista en monarquías Stephan Bern.
A diferencia de su hijo, el príncipe Guillermo, que optó por no publicar su información fiscal, Carlos III siempre ha defendido una monarquía más abierta. ‘Ya cuando era príncipe de Gales, hacía pública su declaración de la renta’, precisó Bern.
‘La decisión de hacerlo en su calidad de monarca es una petición expresa del propio rey’, confirmó un vocero de palacio.
Sin embargo, no cuentan con el consenso de todos. ‘Esta cifra global no dice mucho si no se detallan los ingresos del rey’, criticó Graham Smith, del movimiento antimonárquico Republic.
Entre la reducción de símbolos costosos y una mayor transparencia, Carlos III parece haber decidido adaptar la institución a las realidades del siglo XXI, según resumió Stephan Bern.