Un ensayo clínico realizado en once países latinoamericanos, coordinado por una investigadora argentina, encontró que un programa intensivo de cambios en el estilo de vida mejoró el rendimiento cognitivo de adultos mayores con alto riesgo de deterioro.
La Organización Mundial de la Salud advierte que la demencia y el deterioro cognitivo se perfilan como uno de los mayores desafíos sanitarios del siglo. Los países de América Latina aparecen entre los que serán afectados con mayor rapidez en las próximas décadas.
Un reciente ensayo clínico, denominado LatAm-FINGERS, fue el primero de gran escala diseñado específicamente para poblaciones de América Latina. Participaron centros médicos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, México, Perú y Uruguay.
La investigación fue coordinada por la doctora Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología y staff del equipo de Neurología Cognitiva de FLENI, en Argentina. El objetivo fue comprobar si una intervención multidimensional, adaptada a las características culturales de la región, podía retrasar el deterioro cognitivo.
Fueron evaluadas 1.719 personas y finalmente 1.065 adultos de entre 60 y 77 años ingresaron al estudio. Todos presentaban factores que aumentan el riesgo de demencia, como enfermedades cardiovasculares, envejecimiento y un rendimiento cognitivo inferior al esperado para su edad.
Los investigadores dividieron aleatoriamente a los participantes en dos grupos. Uno recibió durante dos años un programa de intervención intensiva y sistemática, mientras que al otro se le dieron consejos generales sobre hábitos saludables.
El programa intensivo incluyó actividad física supervisada, orientación nutricional, entrenamiento cognitivo, seguimiento médico periódico, control estricto de factores de riesgo cardiovascular y acompañamiento permanente para favorecer la continuidad de los cambios de hábitos.
Al cabo de dos años, ambos grupos mostraron cierta mejoría en las pruebas cognitivas, pero quienes participaron del programa estructurado obtuvieron un beneficio significativamente mayor. La diferencia fue estadísticamente sólida y mostró una evolución más favorable del rendimiento cognitivo global.
Más del 82% de los participantes completó el seguimiento de dos años y la adherencia al programa intensivo alcanzó el 71,6%. Durante el estudio se registraron eventos adversos menores, como molestias musculares asociadas a la actividad física e infecciones respiratorias. Los investigadores aclararon que ninguno de los eventos graves ni las ocho muertes ocurridas durante el seguimiento estuvieron relacionados con la intervención.
Los autores sostienen que los hallazgos respaldan la posibilidad de implementar programas preventivos a gran escala en los sistemas de salud latinoamericanos. El mensaje central del estudio es que mantener una alimentación saludable, realizar actividad física, estimular el cerebro y controlar la salud cardiovascular pueden convertirse en herramientas para preservar la memoria y retrasar el deterioro cognitivo.