Omar Guzmán, fundador y administrador de La Piscina Night Club, narró en el pódcast Presunta Pola cómo funcionaba el establecimiento, los clientes que lo frecuentaban y las circunstancias que lo llevaron a vender sus acciones.
En el pódcast Presunta Pola, el escritor Sebastián Camelo entrevistó a Omar Guzmán, fundador y administrador de La Piscina Night Club, uno de los establecimientos nocturnos más relevantes de la localidad de Santa Fe, en Bogotá. Guzmán reveló detalles del prostíbulo, que fue intervenido por el Estado y cuyo proceso de extinción de dominio culminó en 2021.
“Iban grandes personalidades de la vida pública, políticos, guerrilleros, paramilitares, esmeralderos, ganaderos, todo el que tenía poder llegaba allá, porque era un lugar costoso. Eran hasta amigos, ellos iban de fiesta y no tenían una ideología o iban a hacer negocios, iban era a divertirse”, afirmó el empresario.
Guzmán explicó que convirtió un hotel convencional, llamado Mediterráneo, en un prostíbulo ubicado en la avenida Caracas. “Ese hotel se llamaba Mediterráneo. La idea fue mía, porque ese hotel estaba decaído, la zona se había afectado y yo en República Dominicana tuve la oportunidad de conocer un hotel así, pero con chicas, por eso propuse cambiar el lugar y de esa forma fuimos grandes”.
El empresario describió el sitio como de lujo y señaló que la mayoría de los clientes eran personas con dinero. “Nos ayudó a que el negocio fuera elegante, fino. Yo creo en Dios y pienso que fue una etapa que teníamos que vivir. A nivel moral, todos tenemos una máscara y nadie los iba a reconocer en un lugar como ese, ellos querían otras cosas y nosotros se las proporcionábamos al cliente. El que tenía plata iba a ‘La Piscina’, allá nada era barato, pero encontraban una noche de diversión”.
Guzmán indicó que el establecimiento contaba con reservados para clientes públicos. “Sabíamos que había personas públicas que no se podían mostrar, por eso teníamos unos reservados y unos los distinguían; uno se hacía amigo y frecuentaban el negocio, siempre en reservados. Teníamos algunos lugares para hasta 20 personas y nadie se daba cuenta de quién estuvo”. Añadió que había seguridad privada que impedía el ingreso de armas.
Entre las anécdotas, relató un incidente con presuntos guerrilleros. “Un grupo de hombres llamó a una muchacha para un reservado y uno de ellos fue atrevido. El jefe de seguridad era el novio de ella y se salió de control, cogieron a los manes y los cascaron. A la siguiente semana volvieron, me cogieron en el parqueadero y eran guerrilleros de la sabana, me tocó pedir perdón, entrarlos y darles cortesías con lo que consumieron esa noche, como se dice vulgarmente, lamerles para que no me hicieran daño”.
Finalmente, Guzmán declaró que vendió sus acciones antes del cierre del prostíbulo. “La decisión fue mía, fue personal, pasó luego de dos noches porque teníamos problemas con extorsión y no había un buen ambiente. Llamé a los socios y les vendí mis acciones, fue un capítulo cerrado y aprendí que podía hacer negocios grandes”.