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El circuito montevideano que aúna su famoso estadio, buenas bodegas y el color del candombe

Los vinos del Estadio Centenario y de la Asociación Cultural Cuareim 1080 son la puerta de entrada para otros recorridos alternativos por la capital uruguaya.

Más allá de los rinconcitos nostálgicos de la Ciudad Vieja, las chucherías fascinantes de la feria Tristán Narvaja, los espectáculos del Solís y la convocante costanera donde el río adquiere por momentos la bravura del mar, la propuesta actual es llevar el turismo de la urbe a las afueras, promoviendo la ruralidad y generando empleo a muchos operadores pequeños.

“Teníamos estudiado que la mayoría de las visitas a nuestra ciudad se relacionaban al fútbol, al candombe y a la buena gastronomía. El desafío era enlazar esos gustos variados con una experiencia en común, y el vino nos dio la chance”, explica Lía Fernández desde la coordinación del programa Del Enclave al Entramado, una estrategia de promover un “turismo de experiencias concretas”. Ese nuevo producto llegó con tres vinos de dos lugares emblemáticos: el Estadio Centenario y la Asociación Cultural Cuareim 1080, que van por su segunda edición. Hay un detalle: sólo pueden adquirirse en el propio estadio y en la casa del candombe, con una promoción que invita a conocer las bodegas que los producen. “La acción es recíproca, porque quienes visitan las bodegas ven los anuncios donde se muestran esos vinos y todos quieren ir a la ciudad por ellos”, amplía Fernández.

El templo del fútbol y la dinastía del candombe

Montevideo atrae cada año a un millón de visitas internacionales, que dejan ingresos superiores a 600 millones de dólares. Sin embargo, el turismo local también está creciendo, y los uruguayos del interior eligen la capital para disfrutar en fin de semana e incluso vacaciones más largas. Parte de ese triunfo, aseguran, lo consiguen las experiencias enoturísticas.

“Así es que nace el recorrido por el Estadio Centenario, declarado Monumento Histórico del Fútbol Mundial, y que sumó a la clásica visita al museo y a su Restaurante 1930, un Tannat que sólo puede adquirirse allí, bajo la etiqueta Vino del Estadio”, cuentan. Lanzado a fines de 2025 en el Museo del Fútbol, es elaborado en alianza por las bodegas Dardanelli, Ángel Fallabrino y Santa Rosa, que también se pueden conocer. “Es un gran producto de cara a la reestructuración que se pone en marcha para la celebración de los 100 años de la primera gesta mundialista en 1930”, cuentan puertas adentro. Así, desde la Tribuna Olímpica del “templo del fútbol”, sus vitrinas ya no sólo muestran trofeos de cara al Parque Batlle.

Hacia el otro lado, donde Barrio Sur exhibe su identidad y cultura afro, la Asociación Cultural Cuareim 1080 es el otro punto fuerte. Con sólo cuatro meses de vida, su Tannat y el Medio y Medio Cuareim 1080, son otra razón para visitarla. “Este lugar es el sueño de mis viejos, Margarita Barrios y Waldemar Silva, que hicieron del candombe una excusa para trabajar en lo social”, cuenta Matías Silva, mientras apila los trajes. En esa casona se enseña a tocar, pero también, se contiene a chicos del barrio. “Hemos progresado mucho, pero aún hay racismo. Incluso en nuestro barrio nos han dicho ´monitos que hacen ruido´. Por eso no debemos olvidar que somos un polo de resiliencia cultural, y ahora nuestros vinos son otra excusa para conocer Latido Afro, el circuito que profundiza en las raíces del candombe y la historia del antiguo conventillo Mediomundo”, cuenta. Se refiere al paseo autoguiado por 12 puntos geolocalizados en los barrios Sur y Palermo, con relatos orales y fotográfica de sus antepasados, una verdadera dinastía del candombe.

“En Uruguay el candombe se toca palo y mano, y hay tres formas características: la de barrio Sur, la de Palermo y la de Cordón. Y hay un porqué: cuentan que apoyar el tambor era visto como una ofensa a las creencias de los amos, lo que derivó en su apoyo sobre el cuerpo, y luego, en colgárselo. Eso habilitó la posibilidad de caminar, y así las comparsas incipientes empezaron a avanzar y encontraron su destino. Cambió el modo de construir los tambores, algunos materiales también, pero la esencia no”, cierra Silva, que además es músico y docente.

La supremacía del Tannat

Ubicado entre los paralelos 30 y 45 de latitud sur, Uruguay se encuentra en una región mundialmente reconocida para la producción de vinos de calidad. Su historia vitivinícola se remonta a mediados del siglo XIX, con pioneros como el vasco-francés Pascual Harriague y el catalán Francisco de Vidiella, precursores de la industria.

A pesar de que en el siglo XX ya tenían reconocimiento internacional, no fue hasta 1994 que Uruguay consolidó sus vinos gracias a la cepa del Tannat. Originaria del sudoeste de Francia, la uva encontró aquí un terreno ideal donde el clima templado y la influencia marítima del Atlántico permitieron la maduración equilibrada. Ese clima húmedo y los suelos predominantemente arcillosos, pero con buen drenaje, favorecieron el desarrollo de taninos firmes y otorgaron una acidez vibrante que conquistó a muchos.

“El Tannat se introdujo alrededor de 1870 y tras algunos intentos fallidos con otras uvas, logró resultados excepcionales”, relatan en una de las bodegas, donde aseguran que actualmente son los principales productores mundiales de esta cepa, superando a la región de Madiran, en el sudoeste de Francia, donde se dio su origen. De color intenso y con alta concentración de antioxidantes, la cepa uruguaya marca el camino.

Al Tannat se suma otro nombre propio, esta vez netamente montevideano: el Medio y Medio. Se trata de una bebida artesanal que se logra con la mezcla en partes iguales de vino blanco seco y espumante dulce. Nacido a finales del siglo XIX, el mito indica que fue en el Mercado del Puerto donde un mozo del restaurante Roldós comenzó a mezclarlos con la idea de lograr algo más refrescante para sus comensales. Aunque diversas bodegas actualmente lo venden embotellado, el concepto original es la fusión manual de Moscato blanco y Pinot blanc. Eso sí: es regla de oro servirlo muy frío, y eso la transforma en la bebida por excelencia para el brindis de Navidad y Fin de Año en todo Uruguay.

Las tres rutas del vino

Hay tres recorridos del vino en el mapa montevideano, con perfiles definidos según el territorio. Se pueden hacer paseos de pocas horas, de día completo o quedarse a dormir en alguna de las 40 bodegas de la región. Una de las que ofrece hospedaje es Spinoglio, cuyo hotel de viña ofrece habitaciones dobles con vista al viñedo, e incluye sus propios vinos para disfrutar en un coqueto restaurante. Construido en el corazón del establecimiento, en el interior de antiguas cubas de 150.000 litros de capacidad cada una, fue pensado exclusivamente para los amantes del rubro.

“Cada bodega tiene una historia que contar y un buen vino para ofrecer. En este caso, los vinos del Estadio y de Cuareim reflejan la calidad y el saber de nuestras bodegas, pero también el valor del trabajo conjunto y la construcción de una identidad enológica ligada a Montevideo, donde es tan fuerte la tradición como el desarrollo”, concluye Natalia Pardiñas, presidenta de la Asociación Turística de Montevideo y directora de la centenaria Bodega Ángel Fallabrino.

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