La exposición directa a este artefacto puede generar molestias en estas mascotas; qué medidas recomiendan los especialistas para prevenirlas.
En medio del invierno, muchas familias recurren a estufas, aires acondicionados o calefactores para mantener una temperatura agradable dentro del hogar. Los veterinarios advierten que, cuando hay gatos en casa, también es importante tomar algunos recaudos para que estos sistemas no afecten su bienestar.
Según explicó el veterinario Carlos Gutiérrez, aunque los gatos toleran mejor el frío que el calor gracias a su pelaje y a su capacidad para conservar la temperatura corporal, la exposición directa y prolongada a fuentes de calor tampoco es recomendable. Los animales suelen buscar naturalmente los lugares más cálidos de la casa, por lo que es habitual verlos descansar cerca de estufas, radiadores o salidas de aire caliente. “Es importante que tengan en cuenta a sus gatos. No se pongan delante del aire acondicionado con el chorro encima porque, además de que ustedes pueden resfriarse, también pueden resfriarse sus gatos”, expresó el experto.
Los especialistas señalan que la temperatura ambiental más confortable para un gato se encuentra entre los 15 y los 23 °C. Su temperatura corporal normal oscila entre los 38 y los 39,5 °C, por lo que un ambiente excesivamente calefaccionado puede favorecer la deshidratación o provocar molestias, especialmente en animales mayores, con sobrepeso o que padecen alguna enfermedad.
Para mantener el hogar confortable sin comprometer la salud del felino, los veterinarios recomiendan evitar que el aire caliente incida de forma directa sobre el animal. En el caso de los aires acondicionados en modo calefacción o los calefactores con ventilación, lo ideal es orientar el flujo hacia el techo o distribuir el calor de manera uniforme en el ambiente. También aconsejan que el gato siempre tenga la posibilidad de alejarse de la fuente de calor y elegir por sí mismo dónde descansar. Del mismo modo, es importante impedir el acceso directo a estufas muy calientes para reducir el riesgo de quemaduras.
Aunque en invierno la sensación de sed suele disminuir, la hidratación continúa siendo fundamental. Renovar el agua con frecuencia y ubicar los bebederos lejos de las fuentes de calor ayuda a que se mantenga fresca y favorece que el gato tome lo suficiente. Por último, los especialistas recomiendan mantener una rutina de cepillado para eliminar el pelo muerto sin afectar el manto que lo protege del frío, ofrecer mantas o camas en lugares tranquilos y reservar los momentos de juego para cuando el gato esté más activo.