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Los gastos fijos cada vez pesan más sobre el salario: el ingreso disponible cayó 8,2% en 2026

El dinero que queda disponible para el resto de los consumos sufrió una caída del 8,2% durante los primeros cuatro meses de 2026, más del doble del retroceso de 3,8% que registró el salario total en el mismo período, según el Monitor Sociolaboral del CETyD-UNSAM.

El deterioro de los ingresos de los trabajadores argentinos va más allá de lo que muestra la evolución del salario real. Una vez pagados los gastos fijos del hogar, el dinero que queda disponible para el resto de los consumos sufrió una caída del 8,2% durante los primeros cuatro meses de 2026, más del doble del retroceso de 3,8% que registró el salario total en el mismo período.

La brecha volvió a ampliarse en abril: mientras el poder adquisitivo del salario total retrocedió 0,2% mensual, el salario disponible cayó 1,3%. Según la edición de agosto del Monitor Sociolaboral del CETyD-UNSAM, los gastos asociados a vivienda, agua, electricidad, gas, transporte y comunicaciones ya implican resignar 17 puntos porcentuales del salario total percibido.

Esta pérdida de capacidad de compra ayuda a explicar un fenómeno que se extiende dentro de los hogares: más personas salen a buscar trabajo, aumenta el pluriempleo y, cuando tampoco alcanza con sumar ingresos laborales, crece el recurso al endeudamiento. El informe advierte que la búsqueda de más horas de trabajo, la incorporación de nuevos integrantes de las familias al mercado laboral y el crédito responden también al peso creciente de los gastos fijos sobre el presupuesto familiar.

El diagnóstico forma parte del informe “Un mercado laboral saturado y trabajadores cada vez más endeudados”. Si se amplía la mirada a la última década, el CETyD calcula que el salario promedio del sector privado se encuentra 14% por debajo del nivel de hace diez años, pero la pérdida alcanza el 24% cuando se mide el ingreso disponible después de afrontar los gastos fijos.

La respuesta de los hogares fue ampliar y diversificar sus fuentes de ingresos. Por un lado, aumentó la búsqueda de una segunda ocupación y el pluriempleo; por otro, más integrantes de las familias comenzaron a incorporarse al mercado laboral ante la insuficiencia de los ingresos aportados por quienes ya trabajaban. El CETyD identifica este fenómeno como el “efecto del trabajador adicional”, que también se refleja en una tasa de actividad que alcanzó valores récord.

El problema, según el centro de estudios, es que esa necesidad creciente de generar ingresos no tiene como contrapartida una expansión equivalente de la producción. En los últimos diez años, la producción del sector privado aumentó apenas 7%, mientras que el total de horas trabajadas avanzó 11% y la cantidad de trabajadores se incrementó 17%. De esta manera, el número de personas ocupadas creció considerablemente más rápido que la producción que debería demandar ese empleo.

Además, el crecimiento económico presenta fuertes diferencias entre sectores. Mientras avanzan actividades intensivas en capital como el agro, la minería y la energía, permanecen rezagados rubros como la industria, la construcción y el comercio, que concentran una proporción mucho mayor de trabajadores.

Para el CETyD, esa configuración explica por qué la mayor necesidad de trabajar no se traduce necesariamente en una suba equivalente del desempleo. El ajuste aparece por otra vía: menos horas por persona y ocupaciones de peor calidad. El informe destaca, en ese sentido, el fuerte crecimiento de la subocupación, integrada por personas que trabajan jornadas parciales pero querrían trabajar más horas y no consiguen hacerlo. A esto se suma una expansión de empleos informales y trabajos por cuenta propia de pequeña escala, como changas, servicios por encargo o venta minorista.

“El problema no es la falta de trabajo sino la falta de ingresos”, resume el documento. Es decir, las personas logran insertarse en el mercado laboral, pero muchas veces lo hacen en actividades cuya remuneración resulta insuficiente para cubrir sus necesidades.

Frente al límite de las estrategias laborales, el endeudamiento ganó terreno como herramienta para sostener el consumo de los hogares. En abril de 2026, el saldo de crédito concedido por el sistema bancario a las familias era, en términos reales, 77% superior al de noviembre de 2023. En el mismo período, el financiamiento proveniente de proveedores no financieros prácticamente se duplicó. Allí se incluyen fintech, tarjetas no bancarias, créditos de cadenas de electrodomésticos y cooperativas, entre otros actores.

El fenómeno es todavía más marcado en los préstamos personales, una modalidad que el informe vincula en mayor medida con la necesidad de afrontar gastos corrientes o imprevistos que con la compra de bienes durables. El saldo real de préstamos personales otorgados por los bancos fue en abril 176% mayor que en noviembre de 2023. Entre los proveedores no financieros, este tipo de crédito había avanzado 141% en términos reales hasta febrero de 2026.

El peso de esas obligaciones sobre el bolsillo también aumentó. De acuerdo con una estimación del BCRA citada por el CETyD, en abril los pagos de capital e intereses de las deudas absorbieron casi una cuarta parte de los ingresos de los asalariados formales.

El escenario se completa con señales negativas en el empleo registrado. En abril, el empleo asalariado formal privado volvió a caer y registró la contracción más pronunciada de 2026 hasta ese momento, mientras que también volvió a reducirse la cantidad de empresas. Las perspectivas de corto plazo tampoco muestran un cambio de tendencia. El Indicador Predictivo del Empleo del CETyD proyecta nuevas caídas del empleo formal privado en mayo, junio y julio, con un retroceso más pronunciado en la industria manufacturera.

A esto se suma que, durante los primeros cuatro meses de 2026, los trabajadores registrados del sector privado acumularon una pérdida real de poder adquisitivo cercana a cuatro puntos porcentuales, luego de que desde febrero los salarios comenzaran a evolucionar por debajo de los precios.

El diagnóstico final del informe es que el mercado laboral enfrenta una doble presión: cada vez más personas necesitan trabajar o ampliar sus fuentes de ingresos, pero la estructura productiva no genera suficientes oportunidades de calidad para absorberlas. El resultado es una expansión de empleos de baja intensidad y bajos ingresos y, como complemento, un uso creciente del endeudamiento. El propio CETyD advierte que la fuerte suba de la mora muestra que esta última alternativa también se aproxima a un límite. En palabras del informe, el interrogante que deja abierto el escenario es: “La pregunta entonces es qué viene después”.

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