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MECA26: estrategias para manejar el exceso de agua en campos de la región central

En el marco de la Mega Exposición del Centro Argentino (MECA26), especialistas del INTA brindaron recomendaciones sobre manejo de suelos y agua ante la previsión de un año con precipitaciones superiores a la media.

Durante la jornada “Clima + Suelos + Agua” de la Mega Exposición del Centro Argentino (MECA26), se abordaron estrategias productivas para afrontar un año en el que los pronósticos anticipan un fenómeno de “Niño Intenso”. Las conferencias iniciaron con el Ing. Agr. Manuel Vicondo, del INTA, quien repasó recomendaciones para productores lecheros. Luego, el geólogo y especialista en suelos del INTA Rafaela, Rubén Tossolini, expuso sugerencias clave para el manejo del agua en la región central del país.

Tossolini indicó que “el productor tranquera adentro tiene que hacer lo que puede, y uno de los temas fundamentales es sentarse con su asesor técnico para elaborar estrategias de cultivos que consuman agua”. Estimó que las precipitaciones podrían superar los mil milímetros en la región central, por encima de la media histórica.

El especialista señaló que la planificación de rotaciones agrícolas y la elección de cultivos inciden tanto en la productividad como en la capacidad de los suelos para absorber y retener agua. También recomendó mejoras en la infraestructura interna de los establecimientos, como caminos bien abovedados, tubos de desagüe limpios y atención a las lagunas de efluentes de los tambos, por el riesgo de contaminación de las napas.

“Hay que empezar a monitorear el nivel freático para saber en qué situación está el campo. Puede ser que tenga un respaldo de absorción de un volumen importante de agua o no. Si no medimos, no sabemos”, subrayó.

La compactación de suelos fue otro eje central. Se advirtió que la agricultura intensiva y la ganadería ejercen presión sobre la fertilidad física del suelo. “Un animal de 500 kilos con cuatro patas está ejerciendo una presión muy importante sobre nuestro suelo”, explicó, y agregó que la pérdida de estructura limita la infiltración y favorece el escurrimiento superficial.

Para dimensionar el desafío, se recordó que un campo de 100 hectáreas que recibe 100 milímetros de lluvia gestiona un volumen equivalente a más de dos mil camiones cisterna. “Ese volumen debe infiltrarse y quedar en el suelo. Si no lo logramos, lo estamos tirando a la cuenca”, afirmó, y mencionó la participación de comités de cuenca y presidentes comunales en esos casos.

La propuesta técnica incluyó avanzar en rotaciones de cultivos que aporten raíces y materia orgánica. “Hablar de fertilidad física requiere paciencia, porque los resultados se ven en varios años. Pero si logramos rotaciones adecuadas, evitamos que el suelo quede desnudo y conseguimos un consumo importante de agua”, concluyó. Se advirtió sobre el riesgo de monocultivos como la soja sobre soja, que consumen entre 600 y 700 milímetros de agua, dejando excedentes que pueden provocar anegamientos o sobrecargar las napas.

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