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Un sociólogo analiza el aumento de suicidios en Argentina: «No hay una causa única»

Alejandro Terriles, presidente de la Asociación de Sociólogos de la República Argentina, explicó a NA los factores multidimensionales del fenómeno y las diferencias en las cifras oficiales.

Buenos Aires, 13 de septiembre (NA) – En el marco del debate por el aumento de los suicidios en la Argentina, el presidente de la Asociación de Sociólogos de la República Argentina (ASRA) y del Colegio de Sociólogos y Sociólogas de la Provincia de Buenos Aires (CSPBA), Alejandro Terriles, brindó declaraciones a Noticias Argentinas sobre las causas y características del fenómeno.

«El suicidio quizás es uno de los fenómenos en los que más se tiende a caer en explicaciones simplistas. Pero no hay una causa única. No se puede decir que una persona murió por suicidio simplemente porque se quedó sin trabajo, por una separación, por una depresión, o porque estuvo expuesto a redes sociales en forma frecuente. Este es un fenómeno multicausal en el que intervienen diferentes dimensiones, tanto individuales, familiares, comunitarias, económicas. Y, obviamente, es un fenómeno -de alguna manera- prevenible», afirmó Terriles.

El sociólogo sostuvo que «hoy es un problema terrible tanto en nuestro país como a nivel mundial y tiene una significación histórica muy especial». En ese sentido, citó a Émile Durkheim, quien en 1897 publicó su libro «El suicidio», texto en el que mostró que «el suicidio, que era considerado como una conducta aparentemente íntima e individual, podría presentar algunas regularidades sociales». Según Terriles, Durkheim «mostraba que las tasas de suicidio variaban, básicamente, según el grado de integración y regulación con la sociedad». No obstante, el experto aclaró que el fenómeno no se explica «únicamente con Durkheim»: «hay un desarrollo importante de la sociedad global en un montón de órdenes, pero aquellas cuestiones centrales del pensamiento ‘durkheimiano’ siguen vigentes».

Consultado sobre las explicaciones sociológicas del aumento de los suicidios en Argentina, Terriles señaló: «Hay explicaciones sociales posibles y factores asociados. No una causa única. Desde la Sociología, nosotros miramos qué pasa con los vínculos, con las expectativas que tiene la gente en el futuro, con el trabajo, con la desigualdad, con pertenecer a una comunidad y con la capacidad que tienen las instituciones para contener a las personas. Entonces, cuando aumenta la incertidumbre, el desempleo, la violencia, las desigualdades de todo tipo y las dificultades para acceder a los dispositivos de salud mental, aumentan también las situaciones de vulnerabilidad».

El presidente de la ASRA mencionó un estudio publicado por la OMS en The Lancet Regional Health American, realizado entre 2000 y 2019, que encontró que «el desempleo se asociaba con mayor mortalidad por suicidios en ambos sexos». Entre los varones, esto aparecía asociado al consumo de alcohol y otras sustancias y mayores niveles de homicidios; y entre las mujeres, estaba vinculado a la desigualdad educativa. También aparecía como un factor relevante la baja densidad poblacional y el sentido más protector de mayores disponibilidades de recursos sanitarios.

En cuanto a las cifras, Terriles indicó: «El organismo que se encarga de la recopilación estadística acá en Argentina es la DEIS que registró 3.488 muertes por suicidio en 2024. Una tasa de 7,5 cada 100.000 habitantes. Entre los varones, fue 12,1, y entre las mujeres, 3,0». Estas cifras difieren de las proporcionadas por el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) del Ministerio de Seguridad de la Nación, que reportó 5.209 suicidios en 2025, con una tasa promedio de 11,8 cada 100.000 habitantes.

Respecto de la evolución en el país, Terriles advirtió: «En Argentina hay que ser cuidadoso con la afirmación de que hay simplemente una curva ascendente, no continua. ¿Por qué? Porque hay diferencias según el período, según la edad, según el sexo, y, fundamentalmente, por la fuente estadística, algo de lo que yo, en particular, desconfío bastante».

Sobre la situación regional, el sociólogo aclaró: «La OMS no dice exactamente que Latinoamérica sea la única región donde aumentan los suicidios. Dice que la región de las Américas es la única donde la OMS detecta que la tasa creció en las últimas décadas. Entre el 2000 y 2019, mientras la tasa mundial cayó aproximadamente 36%, en las Américas aumentó alrededor del 17%». Y agregó que «la información más reciente de la Organización Panamericana de Salud extiende esa tendencia hacia el 2021. El crecimiento no puede atribuirse únicamente a América Latina. La OPS dice que América del Norte es uno de los principales motores del incremento del suicidio. Y que también hay importantes aumentos de las tasas en el Cono Sur y tasas elevadas en el Caribe».

En relación con las dimensiones del fenómeno, Terriles afirmó: «No son exclusivamente individuales, pero no se puede negar la dimensión psicológico-psiquiátrica. Hay que comprender, de alguna manera, que la biografía individual del sujeto siempre ocurre dentro de condiciones sociales determinadas». Y añadió: «Durkheim mostró, hace más de un siglo, que si el suicidio fuera exclusivamente algo de carácter psicológico, de carácter individual, sería muy difícil explicar por qué las tasas presentan regularidades según épocas, sociedades y/o determinado tipo de grupo».

Entre las variables que pueden operar, el experto mencionó «la soledad, el aislamiento social, la precariedad laboral, la desigualdad, la violencia, la ruptura con los vínculos con las comunidades, la falta de presencia de los adultos que sean significativos para los más chicos. También la debilidad en todas las redes institucionales». Según la Organización Panamericana de Salud, los factores más importantes incluyen el aislamiento, la discriminación, la violencia, la desigualdad de género, las dificultades económicas y la falta de acceso a las redes de contención. En Argentina, UNICEF llega a una conclusión similar para los adolescentes: «no es solamente una entidad psicopatológica, sino un fenómeno donde interactúan diferentes dimensiones, las individuales, las familiares y las sociales».

Respecto de las poblaciones más vulnerables, Terriles señaló: «En la adolescencia hay una preocupación histórica muy concreta». Citó un documento de UNICEF que mostró que la tasa adolescente se multiplicó aproximadamente por 3 a lo largo de varias décadas. «Incluso, UNICEF señala -en una publicación del 2026-, que aunque las cifras siguen siendo altas, las tasas adolescentes más recientes muestran cierto descenso», agregó. Datos de vigilancia epidemiológica entre 2023 y 2025 muestran que el 61% de los intentos de suicidios notificados corresponden a mujeres, pero la letalidad fue 5 veces mayor entre los varones. Las tasas más altas de intento se concentraron entre los 15 y 24 años. En 2023, la Dirección de Estudios Epidemiológicos registró que entre los varones argentinos, la tasa de mortalidad era más alta en edades avanzadas, mientras que en las mujeres el pico aparecía entre los 15 y los 24 años.

Sobre las acciones desde la sociología, Terriles propuso: «Nosotros, como colectivo profesional, podemos investigar cómo intervienen la desigualdad, el trabajo, el territorio, las redes familiares, los consumos, el aislamiento, la discriminación, las transformaciones, todos los vínculos sociales. Y, además, podemos trabajar en mapas sociales de vulnerabilidad, hacer estudios cualitativos, analizar trayectorias y ayudar en trabajos interdisciplinarios, además de detectar qué grupos se están quedando fuera de las redes de cuidado». Mencionó la generación de observatorios, investigaciones interdisciplinarias y campañas de acompañamiento a las familias.

En cuanto al rol de los distintos actores, Terriles afirmó: «Este gobierno es un productor de desastres sociales. Creo que lo que estamos viendo en este momento es terrible. Yo veo muy imposible, por lo menos, que este gobierno neoliberal sostenga políticas de salud mental accesibles; o que mejore la eficacia del sector público al que está empecinado en destruir». Y agregó: «En el sector público hay que formar gente, equipos, fortalecer la atención primaria en salud. Y trabajar sobre cosas que no están pasando, que se relacionan con las condiciones sociales, el desempleo estructural, la violencia, la exclusión». Consideró que «hay algunas instituciones que todavía tienen cierto crédito, como son las escuelas. Hay que apuntalar a las escuelas como instituciones a formar a los docentes, trabajar en el desarrollo de todo tipo de protocolos de detección de estos problemas, crear espacios de escucha. Y que las familias también se acerquen para todo esto».

Finalmente, sobre el papel de los medios, Terriles dijo: «Esta misma nota puede ser algo pensado como una potencial intervención preventiva. En 2023 la OMS actualizó recomendaciones para el periodismo y dice que hay evidencia cierta de que ‘determinada cobertura puede aumentar conductas imitativas’, mientras que las comunicaciones más centradas en la prevención, ayuda, recuperación y residencia pueden tener efectos protectores. No hay que mencionar ni métodos, ni lugares concretos, ni presentar los casos como consecuencia de una única causa. No hablar de ‘epidemia’ sin una base epidemiológica concreta. No utilizar cifras pequeñas para generalizar. Y pensar qué organizaciones trabajan en el tema de manera responsable».

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