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Smiljan Radic, el arquitecto de la austeridad, gana el Pritzker

El máximo galardón de la arquitectura mundial, el Premio Pritzker, ha recaído este año en la figura introspectiva y alejada de los focos del chileno Smiljan Radic. Con 60 años y una carrera desarrollada principalmente en su país, Radic se distingue por crear obras que privilegian la esencia sobre la monumentalidad, desde paradas de autobús hasta bodegas, con un lenguaje que dialoga con la fragilidad y el entorno.

Una filosofía de la austeridad

El jurado del premio fundamentó su decisión en la capacidad de Radic para situar su producción «en la encrucijada entre la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural». Sus edificios, señalaron, pueden parecer temporales o inestables, pero en realidad ofrecen «un refugio estructurado, optimista y serenamente alegre», aceptando la vulnerabilidad como parte de la experiencia humana.

En declaraciones enviadas por correo electrónico, el arquitecto describió el reconocimiento como «una gran sorpresa» que le obliga a mirar su trayectoria desde una nueva perspectiva. Aunque evita definir una estética única, Radic admitió que un hilo conductor en su trabajo es la búsqueda de una «cierta austeridad»: «Con esto me refiero a despojar la obra de todo exceso, reducirla a su esencia».

Obras que dialogan con el paisaje

La arquitectura de Radic se caracteriza por una integración sensible con el entorno natural y el uso de materiales básicos, logrando que sus proyectos parezcan emerger del propio paisaje.

Ejemplos de una trayectoria singular

El Teatro Regional del Biobío (2018), en Concepción, Chile, envuelve su estructura de concreto en una piel semitranslúcida que ha sido comparada con una linterna de papel. La Bodega Viña VIK (2013), en Millahue, se distingue por un extenso techo de tela blanca que simula un ala y una explanada con agua corriente. Incluso una parada de autobús en Krumbach, Austria (2013), se convierte en una declaración de principios: una caja de cristal con techo de concreto que incorpora una casa para pájaros.

Su proyecto más conocido internacionalmente es el Pabellón Serpentine (2014) en Londres, donde colocó una cubierta de fibra de vidrio sobre piedras toscamente talladas, creando un refugio que filtra la luz y conecta a los visitantes con los jardines de Kensington.

Polémica en la fundación

El anuncio del ganador estuvo precedido por una controversia relacionada con Tom Pritzker, presidente de la fundación homónima. Revelaciones sobre su correspondencia y encuentros con el financiero Jeffrey Epstein, condenado por delitos sexuales, llevaron a Pritzker a renunciar a su cargo ejecutivo en Hyatt Hotels el mes pasado, admitiendo un «terrible juicio».

Eunice Kim, portavoz del premio, aclaró que, aunque Tom Pritzker sigue siendo director de la fundación, «habrá distancia entre Tom y los asuntos relacionados con el premio, incluidas las actividades ceremoniales». El galardón, que incluye una medalla de bronce y 100.000 dólares, se entregará en una ceremonia posterior.

Un enfoque caso por caso

Radic define su metodología como un trabajo «caso por caso», determinado por «los prejuicios y obsesiones propias, las raíces propias». Sus creaciones, que a menudo evocan objetos etéreos o extraterrestres anclados en la tierra, responden a las posibilidades y límites específicos de cada encargo.

Para el arquitecto, el interés reside en aquellos «proyectos que han cambiado la forma en la que entiendo mi propio trabajo». Con el Pritzker, Radic sale de la discreción que siempre buscó, para consolidarse como un referente global de una arquitectura íntima, esencial y profundamente conectada con su contexto.

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