El especialista en Educación Física aclara que la calidad del movimiento, basada en la estabilidad y una postura personalizada, es más importante que bajar lo máximo posible para obtener todos los beneficios de este ejercicio global.
Las sentadillas son un ejercicio fundamental en cualquier rutina de actividad física, reconocido por sus múltiples beneficios para la salud y la facilidad de realizarlo en diversos espacios. Felipe Isidro, catedrático en Educación Física, destaca que una ejecución correcta no se mide por la profundidad alcanzada, sino por el control aplicado durante todo el movimiento.
Este ejercicio trabaja principalmente la fuerza y flexibilidad de la parte inferior del cuerpo, pero su impacto es más amplio. Al involucrar también la espalda, el abdomen y la musculatura estabilizadora, se lo considera un ejercicio completo o «global». Una técnica adecuada, que preserve la estabilidad lumbar y evite el colapso de las rodillas hacia adentro, es crucial para proteger las articulaciones y mejorar el funcionamiento corporal.
Isidro señala que, pese a su popularidad, es uno de los ejercicios que con mayor frecuencia se realiza de manera incorrecta en los gimnasios. El error común es priorizar bajar lo máximo posible sin mantener el control. «Una sentadilla adecuada no es la más profunda, sino la que se hace con control, estabilidad y una postura adaptada a cada persona», afirma el experto.
Esta precisión en la técnica no solo fortalece el cuerpo, sino que también lo «educa» para movimientos cotidianos como sentarse, levantarse o subir escaleras, siendo especialmente valioso para adultos mayores en la prevención de caídas. Respecto a la frecuencia, Isidro recomienda encontrar una dosis de entrenamiento sostenible en el tiempo, aunque estudios citados indican que realizar al menos 10 sentadillas diarias puede contribuir a mejorar el control glucémico, entre otros beneficios.