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Marian Moretti brilla en calle Corrientes y en Netflix: obra, serie y su historia de superación

La actriz argentina Marian Moretti protagoniza ‘Morite Beba’ en el teatro de calle Corrientes y graba ‘Tiempo al tiempo’ para Netflix. En una charla íntima, habló sobre su presente laboral, su transición de género y los miedos que superó para vivir su verdad.

Marian Moretti es una de las protagonistas de Morite Beba, una comedia desopilante sobre la vida, la muerte y la amistad que se presenta todos los jueves en la calle Corrientes. Además, la actriz está grabando Tiempo al tiempo, la nueva serie de Underground para Netflix, donde tiene un personaje destacado.

En diálogo con LA NACION, Moretti habló sobre su gran presente laboral, la identidad de género y los temores que enfrentó al momento de transicionar. Sin embargo, se animó a hacerlo y su vida cambió para siempre.

Morite Beba tiene una trama muy original…

—Sí. Es una obra de Virginia Flammini que cuenta la historia de tres amigas, pero sobre todo se centra en Beba, que muere y no lo sabe. Sus mejores amigas, hermanas entre ellas, vienen a buscarla para llevársela a la vida eterna y se encuentran con un montón de dificultades para lograrlo. Pero si no logran llevarla, pierden la vida eterna también. Así que hay muchos obstáculos en el medio, entre ellos Beba, que se resiste un poco a la idea y hay que ver cómo resuelven esta cuestión estas tres amigas de 80 años. Es muy original, una historia de amistad que habla de los vínculos, de la muerte, pero sobre todo del deseo, de las cosas que vas postergando, y tenés que resolver ante la inminencia de un abismo.

—Interpretás a una mujer de 80 años y también es un desafío.

—Eso fue un desafío porque cuando empezamos a pensarlas y a poner en el cuerpo a estas mujeres de 80 años, con mis compañeros Julián Pucheta y Marco Gianoli y el director Gabriel Villarba, se nos vino a la cabeza el deterioro natural de la edad. Pero los 80 de hoy no son los 80 de hace treinta años. Mi mamá tiene casi 80 y está espléndida. Ya no es lo mismo. Entonces decidimos ir por un camino intermedio, entre el deterioro y la esplendidez de ahora. Porque depende de la vida que hayas tenido, tus 80 te van a agarrar de una manera o de otra…

—Como decías, varias veces uno se pregunta qué hizo de su vida, ¿a vos te pasó?

—Es verdad, cada tanto nos preguntamos si nos gusta nuestra vida o reflexionamos sobre si perdimos el tiempo en tal o cual cosa. Ya pasé la mitad de mi vida y a veces pienso en las decisiones que tomé. Como mujer trans, durante mucho tiempo sentí que no iba a poder tener la vida que tengo hoy. Cuando empecé a transicionar, ya estaba desarrollándome en la actuación y me preocupaba saber cómo iba a quedar mi actriz en todo esto o para qué roles me iban a llamar. Cuando el deseo empuja al miedo, hay que apostar a lo que sentís. No hay otra forma. Yo no encontraría otra manera. Y así fue, y mi carrera tomó un camino hermoso y estoy haciendo papeles que me gustan, me divierten. Y vivo de la actuación, cosa que pensaba que no era posible.

—¿Ya no temés a las limitaciones en los roles que te proponen?

—Se ha avanzado mucho, pero no está tan normalizado. Hay un montón de recorrido por hacer porque todavía hay resistencia. Muchas veces los personajes están puestos en lugares marginales. Pero de a poco se van armando cosas más cercanas a lo que es la vida de una persona trans.

—Decías que ya estabas empezando a actuar cuando iniciaste tu transición. ¿Cómo fue tu adolescencia?

—Ya de chica jugaba a ser una actriz famosa y actuaba frente al espejo. Usaba la ropa y los zapatos de mi mamá y me ponía los toallones como pelucas. Tanto mi infancia como mi adolescencia fueron tránsitos de mucho dolor, especialmente cuando empecé a tener conciencia de que no podía mostrar mis juegos en casa, que hacía con absoluta libertad, porque estaba mal visto. Yo quería jugar a las muñecas o a ser actriz y no a la pelota, y sin embargo tenía que hacerlo. Y en la adolescencia… En esa instancia sentía que era un hombre homosexual y después fue sucediendo la transición y bienvenida sea porque me sentí distinta y supe que mi expresión podía ir por otro lado.

—Cuando transicionaste, tu vida cambió…

—Siempre sentí que no encajaba en ningún lado. Hasta que entendí que era una decisión mía. Por supuesto que hay una cuestión sociocultural que tiene que acompañar porque hay sociedades que expulsan a las identidades trans, homosexuales y demás. Pero yo sentí que no iba a entregar mi alma al deseo de los demás o a la mirada ajena. Tenía que hacerme cargo y avanzar con eso, aunque viviera un día o cien con esa identidad. Hablamos mucho con mi maestro, Raúl Serrano, cuando estudiaba en su escuela. Recuerdo que una compañera le preguntó cómo hacía para estar tan bien porque tenía ochenta y pico y estaba increíble. Y él le dijo: “No me miento”. Y eso me impactó mucho.

—Esa respuesta te empujó hacia tu deseo…

—Sí. Tiene mucho que ver con eso. Cuando dejé de mentirme y me hice cargo de mi verdad, todo empezó a fluir de otra manera más liviana.

—¿Qué te dijeron en casa cuando contaste que querías actuar?

—Me dijeron: “Está bien, pero ¿qué vas a estudiar?” [risas]. Porque para ellos era un hobby y no un trabajo. Y estudié inglés… Hoy mis padres me dicen lo orgullosos que están y les encanta mi trabajo. Siempre me vienen a ver. El tiempo acomoda todo.

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