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Playa Unión, en Chubut, busca convertirse en la primera playa patagónica con certificación Bandera Azul

El balneario de Rawson inició el proceso para obtener la distinción internacional que reconoce la calidad ambiental, la seguridad y la gestión sostenible de los espacios costeros. De lograrlo, sería la primera playa de la Patagonia y la más austral del mundo en recibir este sello.

RAWSON.– En Playa Unión el mar no tiene la tibieza amable de otros balnearios argentinos ni el movimiento frenético de las postales multitudinarias del verano. Tiene, en cambio, una geografía áspera, una luz diáfana y ese viento persistente que parece barrerlo todo: la arena, las nubes y también la idea de que la Patagonia es un territorio naturalmente inmune al deterioro.

Sobre esa costa atlántica, donde conviven surfistas, pescadores, familias locales y turistas de paso, comenzó a gestarse un proyecto que busca ubicar a Chubut en un mapa hasta ahora ajeno para el sur argentino: el de las playas certificadas por sus estándares internacionales de calidad ambiental.

La provincia de Chubut va camino a tener su primera playa categorizada como “Bandera Azul” por la calidad de su agua y su gestión ambiental, que sería también la primera de la Patagonia y la más austral del mundo. En todo el planeta hay algo más de 5100 playas, marinas y barcos con la certificación “Blue Flag” de la Fundación para la Educación Ambiental (FEE), la organización internacional que otorga el reconocimiento. Pero solo diez están en la Argentina, y ninguna hasta ahora en tierras patagónicas.

Fue el Ente Mixto Rawson Turístico (Ematur) el que anunció el inicio de la implementación del programa piloto “Bandera Azul” en Playa Unión. Con esta iniciativa, el destino comienza el proceso de certificación, un reconocimiento internacional que evalúa la calidad ambiental, la seguridad, la accesibilidad y la gestión sostenible de los espacios costeros.

La distinción “Bandera Azul” se otorga a aquellos destinos que se encuentran en proceso de cumplir los exigentes criterios del programa en sus cuatro ejes fundamentales: información y educación ambiental; monitoreo de la calidad del agua recreativa; gestión ambiental; y seguridad y accesibilidad. La implementación de esta fase piloto posiciona a Playa Unión a la vanguardia del turismo sostenible en la Patagonia argentina.

La certificación exige el cumplimiento de rigurosos estándares de calidad del agua y de gestión de residuos, lo que impulsará acciones concretas para la protección de los ecosistemas marino-costeros de la Bahía Engaño. Se promoverán prácticas como el reciclaje, la limpieza periódica de la costa y la conservación de la biodiversidad local.

El programa fomenta una mayor conciencia ambiental a través de actividades educativas dirigidas tanto a residentes como a turistas, fortaleciendo la participación comunitaria en el cuidado del entorno. Asimismo, la certificación exige mejoras en la seguridad y la accesibilidad de la playa, lo que se traduce en una experiencia más inclusiva, segura y de calidad para todos los visitantes.

Detrás de lo que podría leerse como un simple reconocimiento turístico hay, en realidad, una discusión más profunda: cómo convertir al ambiente en un activo económico sin degradarlo y cómo hacer de la conservación una estrategia de competitividad para destinos que hasta hace poco confiaban casi exclusivamente en el atractivo natural de sus paisajes.

La postal cotidiana de Playa Unión conserva la familiaridad de los centros costeros del interior patagónico. Hay reposeras clavadas frente a un mar de tonos acerados, adolescentes que desafían el agua fría con tablas de surf, vecinos que caminan la rambla incluso en temporada baja y embarcaciones que salen en busca de las toninas overas, uno de los emblemas faunísticos del lugar.

Pero debajo de esa rutina costera empezó a desplegarse una tarea menos visible y mucho más meticulosa: controles sistemáticos sobre la calidad del agua, revisión de infraestructura sanitaria, señalización de riesgos, ordenamiento del frente marítimo, protocolos de limpieza y campañas de concientización para residentes y visitantes.

No se trata de una certificación decorativa ni de una bandera que se iza como un gesto simbólico. El programa exige una batería de indicadores que deben verificarse de manera sostenida y auditada. La excelencia ambiental, en este caso, no se declama: se documenta.

La apuesta tiene un valor singular porque llega en un momento en que Chubut empezó a revisar la manera en que quiere mostrar su costa al país y al mundo. Durante décadas, la provincia construyó buena parte de su identidad marítima alrededor de la pesca, la actividad portuaria y el turismo de fauna: Puerto Madryn con las ballenas, Punta Tombo con los pingüinos, Península Valdés como santuario natural. Playa Unión, más doméstica y menos monumental, quedaba asociada al turismo regional y a la vida de verano de los propios chubutenses.

Hoy ese esquema empieza a correrse. La agenda ambiental ganó centralidad, y con ella apareció una nueva narrativa: ya no alcanza con tener mar limpio, fauna silvestre y kilómetros de costa abiertos. La demanda turística internacional –y una parte creciente del turismo interno– comienza a mirar otros factores: servicios sustentables, accesibilidad, trazabilidad en el manejo de residuos, infraestructura segura y compromiso institucional.

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