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De Quiles a Francisco: 70 años de una universidad que hizo de la escucha su camino

Fundada en 1956 en medio de una Argentina convulsa, la Universidad del Salvador celebra siete décadas de diálogo, pluralismo y encuentro. Una tradición que va del filósofo jesuita Ismael Quiles al papa Francisco.

Hay instituciones que nacen para durar. Y hay instituciones que nacen para preguntar. La Universidad del Salvador nació en 1956, en una Argentina que todavía recogía los vidrios rotos de sí misma. En una época en que el diálogo escaseaba y los muros sobraban, alguien —varios alguien, con sotana y con libros— decidió que era el momento exacto para fundar una universidad. No a pesar del caos, sino dentro de él. Como quien planta un árbol en tierra removida, sabiendo que las raíces necesitan exactamente eso: tierra que no esté dormida. Setenta años después, esa apuesta sigue en pie.

En los primeros años, una figura daba forma al espíritu de la institución: Ismael Quiles, filósofo jesuita, pensador de frontera. Quiles hizo algo que pocos se atrevían en la academia argentina de mediados del siglo XX: tendió puentes entre la filosofía occidental y las grandes tradiciones del pensamiento oriental. No como curiosidad exótica. No como gesto cosmético. Sino como convicción profunda de que la verdad es más ancha que cualquier tradición. Su pluralismo no era relativismo. Era algo más complejo y más noble: la certeza de que una idea se vuelve más verdadera cuando sobrevive el encuentro con otra. Que el diálogo no debilita, sino que afina y fortalece. Quiles instaló así una forma de habitar la universidad. Sin miedo a la complejidad. Con las preguntas abiertas como ventanas, no como heridas.

Años más tarde, por los pasillos y las aulas de esta misma universidad, caminó un joven jesuita que todavía no sabía —nadie lo sabía— que un día hablaría desde una plaza llena de millones. Jorge Mario Bergoglio tuvo con la Universidad del Salvador un vínculo que fue mucho más que institucional. En sus reflexiones de aquella época, propuso una imagen que hoy resuena con fuerza inusitada: la universidad como familia. No como estructura. No como burocracia. Como familia: ese espacio improbable y necesario donde conviven personas distintas, donde la diferencia no se borra sino que se integra, donde construir algo común exige, antes que nada, aprender a escuchar.

Lo que Bergoglio sembraba entonces, Francisco lo cosecha hoy a escala planetaria. En Laudato Si’ y en Fratelli Tutti late la misma intuición: que no hay salida en soledad, que la fragmentación del mundo no se cura con más muros sino con más encuentros. Que caminar juntos —lo que la tradición llama sinodalidad— no es una metáfora bonita. Es la forma de ir a algún lado que valga la pena.

Entre Quiles y Francisco hay décadas, hay diferencias, hay mundos distintos. Pero hay también un hilo invisible que los une: la convicción de que una comunidad universitaria no es un edificio lleno de materias. Es un espacio donde se aprende a pensar con el otro, y gracias al otro. Setenta años no son un aniversario. Son una pregunta. ¿Puede una universidad seguir siendo un lugar de síntesis en un mundo que celebra la fragmentación? ¿Puede formar profesionales capaces y ciudadanos responsables, personas con un sentido ético y humano sin traicionar ninguna de las palabras? La respuesta no está garantizada por ningún reglamento ni por ningún decreto fundacional. Se construye todos los días, en cada aula, en cada investigación, en cada debate que no termina con un ganador sino con una comprensión más ancha.

Eso es lo que setenta años le enseñaron a esta universidad: que la excelencia académica sin vocación humana es destreza vacía. Y que la vocación humana sin rigor intelectual es sentimentalismo. La tradición que va de Quiles a Francisco ofrece algo más valioso que un modelo: ofrece un camino. En un mundo donde cada vez cuesta más escuchar al que piensa distinto, ese encuentro fraterno que brinda la universidad no es un lujo universitario. Es, quizás, lo más urgente que tenemos para ofrecer.

El autor es director general del Instituto en Investigaciones Sociales y Jurídicas de la USAL

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