La miniserie británica ‘Leyendas’ se convirtió en el contenido más visto en Netflix. Con seis episodios, relata la estrategia de las autoridades del Reino Unido para combatir la crisis de la heroína en los años 90.
En el panorama actual del streaming, una miniserie británica de seis episodios logró captar la atención masiva de la audiencia, posicionándose como el contenido más visto en Netflix. Titulada ‘Leyendas’, esta producción dirigida por Neil Forsyth se basa en hechos reales y se apoya en un thriller burocrático y psicológico.
La trama se sitúa en los años 90, una década marcada en Reino Unido por una epidemia de heroína. La serie se inicia con el hallazgo de dos cadáveres pertenecientes a estratos sociales opuestos, ambos muertos por la misma causa, lo que obliga al gobierno a improvisar una respuesta ante una crisis.
La premisa central se basa en los llamados Beta Projects, una iniciativa de la Hacienda y Aduanas de Su Majestad donde agentes de primera línea fueron reclutados para operar de incógnito. El mando, encabezado por Angus Blake (interpretado por Douglas Hodge), delega en Don Clark (Steve Coogan) la tarea de infiltrar funcionarios en las redes de narcotráfico.
El libro ‘The Betrayer: How An Undercover Unit Infiltrated the Global Drug Trade’, de Guy Stanton y Peter Walsh, sirve como base documental para esta historia que explora cómo estos agentes adoptaron identidades falsas, conocidas en la jerga policial como leyendas, para mimetizarse con el entorno criminal.
El contexto histórico es fundamental para entender la magnitud del fenómeno narrado, ya que el relato se divide geográficamente entre los mercados de Liverpool y Londres. En el primer caso, la serie reconstruye el escenario de la heroína en los años 80 y 90, donde zonas como el Ford Estate en Birkenhead funcionaban como núcleos operativos. Este entorno dio origen a la llamada mafia de Liverpool, un grupo que evolucionó de ser pequeños delincuentes a formar cárteles capaces de controlar rutas internacionales que conectaban con Sudamérica.
Figuras criminales como Colin Smith y Curtis Warren amasaron fortunas millonarias bajo la sombra de esta estructura. Simultáneamente, la serie muestra la infiltración en las redes turcas que operaban en Green Lanes, en el norte de Londres, un área conocida por su conexión con la ruta balcánica de tráfico de heroína.
La realidad que inspiró la ficción estuvo marcada por los hermanos Abdullah y Hüseyin Baybaşin. Según registros judiciales, el nivel de violencia y control ejercido por estos grupos era extremo. La posterior caída de esta red, tras años de infiltraciones, reveló la existencia de prácticas brutales, lo que incluye el hallazgo de cámaras de tortura en los domicilios de los sospechosos.