La Mesa Permanente para la Gestión de Riesgos en El Salvador alertó que el país perdió 87.000 hectáreas de cobertura arbórea entre 2001 y 2025, con una aceleración en los últimos años que suma 13.000 hectáreas entre 2019 y 2025.
La organización Mesa Permanente para la Gestión de Riesgos en El Salvador (MPGR) difundió un comunicado en el marco del Día Mundial del Medio Ambiente en el que advierte que El Salvador perdió 87.000 hectáreas de cobertura arbórea entre 2001 y 2025. Según la ONG, 13.000 de esas hectáreas se perdieron entre 2019 y 2025, lo que representa una aceleración reciente del proceso.
La MPGR vinculó la pérdida forestal con la destrucción de zonas de recarga acuífera, el aumento de la temperatura local, la erosión de suelos y la pérdida de biodiversidad. En el comunicado, citado por EFE, la organización señaló que la reducción de la cobertura arbórea debilita la capacidad del territorio para retener agua, proteger suelos y amortiguar fenómenos extremos, dejando más expuestas a las comunidades salvadoreñas a inundaciones, deslaves, olas de calor y restricciones en el acceso al agua potable.
La MPGR atribuyó el proceso al “avance desmedido de la frontera urbanística”, a la falta de ordenamiento territorial con enfoque de gestión de riesgos y a una aplicación débil de las normas ambientales. Según el comunicado, esa dinámica está dejando desprotegidas las cuencas hidrográficas más importantes del país.
La organización también identificó la expansión urbana y de infraestructura, incluyendo complejos habitacionales, residenciales y comerciales, como una de las presiones principales sobre los remanentes boscosos. A esa presión se suma el avance de la frontera agrícola, que transforma bosques en tierras de cultivo o pastizales para ganadería.
Según la fuente, Usulután concentra la mayor cobertura arbórea del país, con alrededor de 100.000 hectáreas. También se mencionan como áreas relevantes regiones que albergan espacios protegidos como el Parque Nacional Montecristo y la Bahía de Jiquilisco.
La MPGR señaló que el retroceso forestal afecta la recarga de acuíferos subterráneos, incrementa la erosión y eleva el riesgo de inundaciones y deslaves durante tormentas tropicales, además de agravar las olas de calor. La pérdida de hábitat también se menciona como otra consecuencia inmediata, que puede empujar a múltiples especies locales hacia el peligro de extinción.
En el comunicado, la MPGR afirmó: “Este 2026 representa un punto crítico. Las comunidades salvadoreñas, especialmente aquellas en condiciones de pobreza y exclusión histórica, se enfrentan a un escenario de vulnerabilidad extrema, derivado de una alarmante combinación: la degradación acelerada de los, ya escasos, bienes naturales y los impactos del cambio climático”.
El país mantiene un compromiso internacional para restaurar 1 millón de hectáreas de bosque hacia 2030 mediante técnicas de forestería y agricultura adaptada al clima. El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y el Fondo de Inversión Ambiental de El Salvador ejecutan programas como el Fondo de Desarrollo Verde para recuperar zonas Ramsar, entre ellas manglares como el Complejo Jaltepeque. También se implementa la campaña nacional “Árboles para El Salvador”, orientada a reforestar miles de hectáreas afectadas por incendios forestales. La comunidad técnica advierte que los árboles jóvenes no reemplazan de inmediato los servicios ecosistémicos que presta un bosque maduro.