Iris Marín Ortiz, defensora del pueblo de Colombia, envió una carta a la Federación Colombiana de Fútbol en la que expresó su postura ante la inclusión de Sebastián Villa en la lista de preseleccionados para la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Néstor Lorenzo, director técnico de la Selección Colombiana de Fútbol, reveló el jueves 14 de mayo de 2026 la lista de 55 preseleccionados que podrían estar entre los 26 finalistas que acudirán a la Copa Mundial de la FIFA 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá. En el listado se destaca la inclusión de Sebastián Villa, extremo de Independiente Rivadavia de Argentina, quien fue condenado por violencia basada en género y afrontó una acusación judicial por abuso sexual en Argentina.
La inclusión de Villa generó distintas reacciones en Colombia. Algunos sectores consideraron oportuno su llamado por su rendimiento deportivo y su presunto resarcimiento ante la sociedad, mientras que otros consideraron que se estaría enviando un mensaje inoportuno a la ciudadanía.
Iris Marín Ortiz, defensora del pueblo de Colombia, dirigió una carta abierta a la Federación Colombiana de Fútbol en la que señaló que el mensaje enviado por el país a través de sus elecciones deportivas puede determinar la forma en que la sociedad entiende y enfrenta la violencia contra las mujeres. “Durante noventa minutos creemos en el esfuerzo colectivo, en la solidaridad, en la posibilidad de enfrentar a los más fuertes y competir de igual a igual. La camiseta de Colombia no representa solo resultados deportivos; representa también aquello que aspiramos a ser como sociedad”, declaró Marín.
En la misiva, publicada en su cuenta de X, la funcionaria recordó un antecedente clave: en 2011, Hernán Darío “El Bolillo” Gómez dejó la dirección técnica de la selección tras agredir a una mujer. “Más allá de las discusiones jurídicas, entendimos algo fundamental: que la selección Colombia no podía convivir simbólicamente con la violencia contra las mujeres. No existía una regla escrita que obligara a su salida de la dirección técnica. Surgió, más bien, un límite ético que la sociedad decidió defender”, comentó.
Marín Ortiz también rememoró su experiencia personal ante el partido Colombia-Alemania en Italia 1990. “Recuerdo con mucha emoción el partido. Tenía 12 años. Minutos antes del inolvidable gol de Fredy Rincón, Alemania había marcado y parecía que todo estaba perdido. Mi papá se levantó en silencio y apagó el televisor. Poco después volvió, prendió el televisor de nuevo y entonces ocurrió el empate”, expresó.
La defensora del pueblo argumentó que la decisión sobre quienes integran la lista de preseleccionados no puede justificarse apelando solo a argumentos deportivos, dado que el caso de Sebastián Villa posee un impacto cultural. “Villa fue condenado judicialmente por hechos de violencia basada en género y enfrentó además una acusación por abuso sexual. Estos antecedentes no pueden reducirse a ‘problemas personales’ ni separarse por completo de la responsabilidad pública que implica llevar la camiseta de Colombia en un mundial”, resaltó.
Además, recalcó que al portar los colores de Colombia en un campeonato mundial, un jugador se convierte en referente para nuevas generaciones. “Cuando se viste esa camiseta, el jugador inevitablemente se convierte en referente para niños, niñas y jóvenes que encuentran en el deporte modelos de admiración, identidad y esperanza. Por eso las decisiones sobre quiénes nos representan también transmiten mensajes culturales y sociales”, indicó.
Para Marín Ortiz, enviar un mensaje de permisividad ante actos de violencia de género —aunque medien el talento o la popularidad— envía un “mensaje devastador” a las víctimas. “El mensaje que enviamos cuando relativizamos la violencia contra las mujeres por talento, popularidad o rendimiento deportivo es desolador, nos aleja del espíritu que construimos detrás del deporte. La violencia contra las mujeres no es un asunto privado ni secundario. Es una realidad que atraviesa diariamente la vida de millones de mujeres en Colombia”, mencionó.
Desde la óptica de la Defensoría del Pueblo, mientras vestir la camiseta nacional constituye un derecho laboral y una aspiración legítima para cualquier futbolista, el carácter de símbolo nacional requiere un estándar de integridad más estricto. “No se trata de negar el derecho de nadie a trabajar, competir o rehacer su vida. Se trata de reconocer que portar los colores de Colombia es un privilegio que implica una responsabilidad ética adicional. Hay diferencias entre ser futbolista profesional y convertirse en símbolo nacional”, complementó.
Por último, Iris Marín Ortiz subrayó que las decisiones de la Federación Colombiana de Fútbol en el actual proceso de preselección serán observadas no solo por el público local, sino por niños, niñas y jóvenes que buscan modelos de admiración. “Colombia ya demostró en el pasado que podía enviar un mensaje distinto. Hoy tiene nuevamente la oportunidad de preguntarse qué valores quiere representar cuando elige quiénes portan la camiseta de la selección. Algunas personas seguimos aferradas a la idea de que el fútbol, como otros deportes, pueden representar nuestra mejor versión. Porque la camiseta de Colombia no puede ser un escudo contra la justicia”, puntualizó.
Hasta el momento, la Federación Colombiana de Fútbol no ha emitido ningún pronunciamiento sobre las declaraciones de Marín Ortiz ni de otros sectores que no respaldan el llamado de Sebastián Villa a la Selección Colombia.