Entre 1985 y 1989, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota publicaron cuatro álbumes que definieron su identidad sonora y lírica, en el contexto de la recuperación democrática argentina.
En solo cuatro años, entre 1985 y 1989, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota publicaron los cuatro álbumes que definieron su identidad sonora, lírica y visual. Esta tetralogía se publicó en el período más turbulento de la recuperación democrática argentina. Gulp!, Oktubre, Un baión para el ojo idiota y ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado fueron discos que registraron, desde los márgenes, el tránsito de la euforia post-dictatorial al colapso hiperinflacionario.
La muerte del Indio Solari, ocurrida hace poco más de una semana, invita a pensar esos discos en toda su significación y de acuerdo al contexto de su época.
Autogestión radical
Se publicaron de forma completamente independiente, rechazando ofertas de sellos multinacionales y de productores como Charly García y Oscar López. La razón que esgrimía Solari era precisa: “el que terminaba pintando el cuadro era el que mezclaba al final”. La banda financió sus grabaciones con un porcentaje de la recaudación de sus conciertos en lugares como Cemento, el Stud Free Pub y el Teatro Bambalinas. Cada disco fue editado bajo sellos propios o prestados, con tiradas artesanales y portadas fabricadas a mano.
Gulp! (1985): la ironía como manifiesto
Las primeras copias de Gulp! comenzaron a circular el 22 de abril de 1985, fecha que coincidió con el inicio del Juicio a las Juntas Militares. Grabado en noviembre y diciembre de 1984 en los estudios Tubal de Villa Adelina, con Lito Vitale como técnico y músico invitado, el álbum fue editado a través del sello Wormo con una tirada inicial de entre 6 y 7 mil copias. Las portadas fueron producidas con serigrafía artesanal.
El sonido de Gulp! combina rock and roll clásico, blues de métrica irregular y destellos de jazz. La formación incluía a Carlos “Indio” Solari, Eduardo “Skay” Beilinson, Daniel “Semilla” Bucciarelli, Héctor “Tito Fargo” D’Aviero, Willy Crook, Gonzalo “Gonzo” Palacios y el “Piojo” Abalos. El título remite a la onomatopeya del cómic y funciona como metáfora política.
Oktubre (1986): una estética distópica
Grabado en agosto y septiembre de 1986 en los Estudios Panda, Oktubre salió al mercado en octubre de ese año. El mundo de mediados de los ochenta permeó cada decisión de producción: la Guerra Fría, el desastre de Chernóbil y las primeras grietas del gobierno de Raúl Alfonsín. Skay Beilinson abandonó las progresiones del blues para priorizar acordes atípicos y disonancias. Daniel Melero aportó texturas de sintetizador. El resultado fue un disco de post-punk y dark de 41 minutos.
“Fuegos de octubre” abre el disco como una obertura marcial. Aparece “Jijiji”, que se convertiría en el disparador del “pogo más grande del mundo”. “Divina TV Führer” anticipó debates sobre la manipulación mediática. El arte de tapa, diseñado por Rocambole, se inspiró en el constructivismo ruso posterior a 1917. En la contratapa del vinilo original, la Catedral de La Plata aparece envuelta en llamas.
Un baión para el ojo idiota (1988): el rock antimediático
El tercer disco se publicó el 9 de mayo de 1988 a través del sello Del Cielito Records, en un contexto de convulsión política: el alzamiento carapintada de 1987 y la muerte de Luca Prodan. La salida del guitarrista Tito Fargo obligó a Skay a asumir la totalidad de las guitarras. La incorporación del baterista Walter Sidotti aportó un pulso nuevo. Solari definió el sonido como “bien trapero”, aludiendo a una instrumentación sin ornamentos superfluos.
El título condensa el concepto central: el “ojo idiota” personifica a la televisión. “Todo un palo” se convirtió en el pilar filosófico del disco, con su línea “el futuro llegó hace rato”. “Todo preso es político” diseccionaba el sistema carcelario. “Masacre en el puticlub” gozó de difusión televisiva gracias a un videoclip animado.
¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado (1989): clímax en medio del caos
El cuarto álbum se gestó en un momento de máxima tensión social: la Argentina transitaba hacia una hiperinflación devastadora. La grabación se realizó en apenas dos semanas, entre febrero y marzo de 1989, en el estudio Del Cielito, en Parque Leloir. El ingeniero Gustavo Gauvry definió la acústica del disco. El álbum, inicialmente llamado Olor a tigre, se publicó el 7 de octubre de 1989 y consolidó la formación definitiva de la sección de vientos con Sergio Dawi.
Las líricas exudan paranoia cívica: “La parabellum del buen psicópata”, “Nuestro amo juega al esclavo” y “Esa estrella era mi lujo”. El arte de tapa, de Rocambole, reinterpretó Los fusilamientos del 3 de mayo de Francisco de Goya. Ese diciembre de 1989, Patricio Rey llenó por primera vez el Estadio Obras Sanitarias de Buenos Aires, cerrando su etapa underground.