El presidente Pedro Sánchez anunció un programa para reducir la brecha histórica en investigación de salud de la mujer, triplicando la inversión a 18 millones de euros anuales, con medidas en CDTI, Instituto de Salud Carlos III y Agencia Estatal de Investigación.
Madrid, 15 jun (EFE).- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció hoy el lanzamiento de un programa para corregir la ‘infrainvestigación’ histórica y los sesgos de género que afectan la salud de las mujeres. La inversión en investigación y desarrollo para patologías más prevalentes entre mujeres se triplicará hasta alcanzar los 18 millones de euros anuales.
Sánchez realizó el anuncio durante la presentación del programa ‘Somos. Contamos: fin de la discriminación de las mujeres en la investigación de la salud’, iniciativa dirigida a reducir la brecha histórica en ese ámbito, mejorar diagnósticos y tratamientos, y poner fin al ‘sesgo histórico’ que ha propiciado menor representación de mujeres en ensayos clínicos y escasa priorización de patologías femeninas.
El jefe del Ejecutivo se refirió a un problema ‘sistémico’, e indicó que la sociedad necesita mayor participación de las mujeres en la ciencia, pero también que la ciencia ‘se ocupe más y mejor de la salud de las mujeres’. Detalló líneas específicas del programa para mejorar conocimiento, diagnóstico y tratamiento de dolencias como endometriosis, procesos como la menopausia y trastornos de salud mental como ansiedad o depresión.
El programa incluye un primer paquete de medidas para aumentar la inversión actual mediante acciones coordinadas en tres agentes del sistema público de I+D: el Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI), el Instituto de Salud Carlos III y la Agencia Estatal de Investigación.
El CDTI lanzará una ‘misión’ específica destinada a la salud de las mujeres y reservará fondos para proyectos en biotecnologías orientados a enfermedades poco investigadas. El Instituto de Salud Carlos III creará una línea estratégica de acción y lanzará una nueva convocatoria para proyectos cooperativos entre áreas de los Centros de Investigación Biomédica en Red.
El acto se celebró en la sede de la Fundación Ortega-Marañón, antigua sede de la ‘Residencia de Señoritas’, primer centro oficial en España dedicado a impulsar la formación universitaria de mujeres, dirigido por María de Maeztu hasta 1936.
Sánchez contrastó la capacidad de llegar a la Luna o cartografiar Marte con el conocimiento ‘todavía incompleto’ de la salud de las mujeres, y recordó que la mayoría de los ensayos clínicos, medicamentos y protocolos de diagnóstico ponen el foco principal en el hombre. ‘La ciencia avanza así de una forma incompleta e imprecisa’, manifestó.
‘¿Aceptaríamos que el diagnóstico de una enfermedad que afecta a uno de cada siete hombres tardara diez años en llegar?’, se preguntó Sánchez, y respondió que no, y que tampoco se puede aceptar en el caso de las mujeres.
El programa incide en que las desigualdades ‘invisibles’ tienen consecuencias reales, ya que gran parte de los tratamientos, diagnósticos y dosis se desarrollaron a partir de evidencia obtenida mayoritariamente en poblaciones masculinas, tanto en investigación clínica como preclínica, donde las hembras eran excluidas bajo la creencia -ya refutada- de que su fisiología era más variable por razones hormonales.
Durante la apertura, la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, afirmó que ella misma sufrió el retraso en conocer que su dolor se debía a una endometriosis, y sostuvo que el programa contribuirá a poner fin a la discriminación de la mujer en la investigación, poniendo el conocimiento y la ciencia al servicio de la innovación para diagnósticos certeros y tempranos y mejores tratamientos.
En el acto intervinieron varias investigadoras que citaron casos concretos de cómo la infrainvestigación y los sesgos de género afectan la salud de las mujeres y cómo la exclusión sistemática de mujeres en ensayos clínicos generó diagnósticos tardíos y tratamientos menos eficaces.
El programa señala que ese patrón de infrainvestigación, combinado con desigualdades sociales persistentes derivadas del género, contribuye a que las mujeres vivan más años pero con peor salud y menos años de vida en buena salud, y que es un problema estructural reconocido por organismos internacionales como la OMS y ONU Mujeres.