Un análisis señala que la conexión emocional de la sociedad con la Selección argentina y Malvinas no encuentra una oferta política que la represente, ni siquiera con la llegada de Javier Milei al poder.
En la Argentina, existe una demanda social por una motivación vital transversal que no logra ser capturada por la política. La aparición de Javier Milei en el escenario electoral tampoco consiguió representarla. Esta corriente, que emerge en momentos como el Mundial de fútbol y el sentimiento por las Islas Malvinas, trasciende ideologías, clases sociales y edades.
Según el análisis, la demanda está sostenida por millones de argentinos que conectan emocionalmente con la camiseta de la Selección y el dolor por Malvinas, un nacionalismo de baja intensidad, alejado de nacionalismos conservadores o xenófobos. El Mundial y la emoción Malvinas representan una oportunidad para una oferta política que proponga un liderazgo que acelere el progreso económico sin aumentar la polarización.
El análisis sostiene que cualquier cambio de régimen que destrabe al país por uno o dos mandatos se verá frenado por el péndulo político si no se construyen consensos racionales y emocionales básicos. La demanda social incluye un orgullo por ser argentino, focalizado en la vida cotidiana, la familia y el esfuerzo diario.
En el caso del Gobierno de Javier Milei, se señala que la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, fue enfática al evitar banderas politizadas en los partidos, lo que dejó al Gobierno fuera de la emoción Malvinas. La vicepresidenta Victoria Villarruel utilizó un lenguaje procesista al referirse a la Selección de Inglaterra como “piratas usurpadores”, mientras que la ministra Patricia Bullrich se diferenció al alentar a la Selección con un termo que decía “Islas Malvinas. Siempre nuestras”.
El análisis menciona que el mileísmo tiene un problema de conexión emocional, ya que el monocomando de la rabia deja fuera otros matices emocionales. Se compara con gestiones anteriores: durante el gobierno de Raúl Alfonsín, la Selección de 1986 celebró en la Casa Rosada; en 2014, Cristina Kirchner recibió a la Selección en Ezeiza; y en 2022, la Selección campeona rechazó la invitación a Casa Rosada.
Finalmente, se sostiene que la estructura emocional argentina con mayor base de sustentación política sigue huérfana, y que el giro completo para el país requeriría la convergencia de un giro republicano, un giro macroeconómico y un giro del cemento emocional.