Un ciclo de streaming reunió a tres referentes juveniles de distintas trayectorias para analizar la relación entre la Generación Z y la política. Coincidieron en que el interés existe, pero se canaliza por fuera de las estructuras partidarias tradicionales.
El último capítulo de Repensar Argentina, ciclo de streaming dedicado a analizar la relación entre los jóvenes y la política, contó con la participación de tres invitados de distintas trayectorias: Sol Yornet Barbieri (28), politóloga en formación e integrante de Nietes; Simón Barrionuevo López (28), licenciado en Comunicación Social, integrante del Frente Joven y ex coordinador local de Students For Liberty; y Federico Borelli (23), estudiante de Ciencias Políticas, referente juvenil de Creemos y con recorrido en el Sindicato Petrolero de Córdoba (SinPeCor).
Durante la conversación, los tres coincidieron en un diagnóstico: los jóvenes no muestran indiferencia hacia la política, sino que buscan otros lugares y formas de participación que perciben como más cercanas y útiles para discutir el presente e intentar modificarlo.
Interés y desencanto
Federico citó un estudio de opinión según el cual un 60% de los jóvenes está interesado en la política, pero un 77% manifiesta emociones negativas frente a ella. Sostuvo que, en general, las áreas de juventudes dentro de los partidos están compuestas por “chepibes” que realizan tareas de militancia, pero no participan en la toma de decisiones ni son escuchados.
Simón, que trabajó en la campaña de La Libertad Avanza en 2023, afirmó que el interés de los jóvenes no disminuyó, sino que ahora se canaliza a través de organizaciones del tercer sector, asociaciones civiles o fundaciones, donde sienten que su participación puede tener un impacto.
Sol sostuvo que la sociedad es “adultocentrista” y que se concibe a los jóvenes como una etapa de preparación para la adultez. “Siempre somos promesas, somos el futuro; nunca somos el presente”, declaró.
Cambios en la concepción de la juventud
Simón afirmó que la juventud actual es “más líquida, más cambiante, más dinámica” y que los jóvenes tienen intereses que no aparecen en las universidades del Estado. Cuestionó la idea de que la universidad garantiza un futuro mejor y mencionó el caso de un amigo que trabaja en dos kioscos y cobra más que otro que es contador.
Federico, en cambio, mencionó a la universidad pública entre las instituciones que conservan mayor confianza entre los jóvenes, por ser un espacio donde pueden participar y sentir que sus ideas tienen lugar.
Sol puso el foco en las condiciones materiales de cada época. Relató que su abuela, a los 28 años, estaba casada, tenía dos hijos, un título universitario y un trabajo, y que luego tuvo que instalarse en la casa de sus padres para cuidarse, porque su abuelo (Roberto Yornet) había sido secuestrado y torturado durante la última dictadura. “Estuvo en el campo de concentración de La Perla y lo estamos buscando al día de hoy”, declaró. Añadió que una gran parte de la juventud argentina fue perseguida, secuestrada, torturada y obligada a exiliarse durante un “plan sistemático de exterminio de la oposición política financiado por intereses foráneos”. También trazó un paralelismo con la actualidad: “Hoy, la agenda global tiene una estrategia específica para que un 90% de los jóvenes sigan viviendo en regiones de subdesarrollo, con menos posibilidades y con pocas chances de organizarse para cambiar esas condiciones”.
Temas que importan a los jóvenes
Federico señaló que “los políticos creen que hablarles a los jóvenes es subirse al tren de TikTok con un vocabulario juvenil”, pero los temas centrales que interesan a la generación están olvidados. Mencionó que la cantidad de jóvenes que buscan empleo y no lo encuentran es el doble que el resto de la población: un 17%. Cuestionó la idea de que cada persona es responsable exclusiva de su situación y afirmó que también influyen el contexto y las decisiones políticas.
Sol coincidió en que el dolor está siendo despolitizado y que, mientras los jóvenes no tengan propósito, seguirá funcionando un sistema de acumulación que los deja fuera. Sostuvo que el suicidio es la principal causa de muerte en jóvenes y que el debate de una ley de emergencia viene perdiendo estado parlamentario desde 2023.
Simón mencionó que la Agencia Córdoba Joven se sumó a la actividad “Farmear Aura” en el Patio Olmos y cuestionó por qué esos recursos no se destinan a la prevención del suicidio.
Redes sociales y salud mental
Federico reconoció que las redes sociales generan comparación permanente y contó que le cuesta asimilar que las personas son diferentes y que el contexto de cada uno también lo es.
Simón opinó que las redes pueden ampliar horizontes y mencionó la “teoría de la acción humana”, según la cual en un intercambio se benefician ambas partes. Aceptó que también pueden llevar a lugares peligrosos, pero consideró que hay una mayor conciencia de eso.
Sol planteó que hay pocas herramientas de protección para niños, niñas y adolescentes en el uso de redes sociales, y mencionó el bullying, el grooming y el trabajo infantil como riesgos asociados.
Los jóvenes no parecen reclamar políticos que hablen como ellos o aprendan el último formato de TikTok. Reclaman que la política les hable de trabajo, vivienda, educación y salud mental sin discursos vacíos; que les permita participar de verdad y no solamente militar; que los escuche antes de pedir adhesión; y que deje de tratarlos como una promesa.