El anuncio de un incremento abrupto en el precio de los combustibles en Chile, que en algunos casos alcanzará el 54%, ha generado una situación de tensión social y desabastecimiento en diversas regiones del país. Desde el anuncio oficial, realizado el lunes por el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, se han registrado largas filas en las estaciones de servicio y cacerolazos de protesta en distintas ciudades.
Impacto inmediato y reacción social
La decisión del gobierno conservador de José Antonio Kast, que asumió hace apenas dos semanas, implica eliminar un mecanismo de estabilización de precios (MEPCO) para trasladar íntegramente a los consumidores el impacto del alza internacional del petróleo. Esta política ha encontrado un rápido rechazo en la población, evidenciado en una encuesta de Cadem que muestra una caída de cuatro puntos en la aprobación presidencial, situándola en el 47%, mientras la desaprobación subió al 49%.
Preocupación en sectores clave
Uno de los sectores más afectados es el transporte de carga. José Villagrán, presidente de una asociación gremial de camioneros, expresó su profunda preocupación: «Quienes tenemos menos de 10 camiones vivimos del día a día. Incluso estamos evaluando si es mejor no salir a trabajar». El gobierno ha ofrecido mayor seguridad para el sector, pero sin ayuda económica directa para paliar el impacto.
Los agricultores, tradicional base de apoyo del mandatario, también sienten el golpe. Alejandro Prieto, productor de cerezas, anticipó la situación y almacenó diésel. «Esto me da un poco de protección. Tuve suerte», comentó. No obstante, el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Antonio Walker, advirtió que el aumento presionará los costos de producción y podría trasladarse al precio final de los alimentos.
El debate político y económico
El presidente Kast ha justificado la medida señalando la «crisis fiscal» heredada de la administración anterior, encabezada por Gabriel Boric, y la crisis mundial derivada del conflicto bélico. «Nosotros hoy día enfrentamos una crisis mundial y una crisis fiscal. Crisis mundial que no buscamos, por una guerra, y crisis fiscal que es responsabilidad de quienes nos antecedieron», afirmó.
Sin embargo, analistas políticos como Patricio Navia, de la Universidad de Nueva York, califican la situación como una «herida autoinfligida» para el nuevo gobierno. «Eliminar los subsidios de golpe equivale a retirar antidepresivos a un paciente y esperar que no haya efectos secundarios», sostuvo. Por su parte, el Banco Central de Chile advirtió que el incremento se trasladará a los precios internos y elevará «significativamente» la inflación.
Medidas de mitigación y un clima de incertidumbre
Frente a la escalada, el gobierno presentó un paquete de medidas paliativas que incluye la congelación de tarifas de buses en Santiago, un subsidio en efectivo para taxistas y una rebaja estacional en el precio del kerosene para calefacción. A pesar de ello, la inquietud social persiste, evocando para algunos el malestar que precedió a las masivas protestas de octubre de 2019.
La percepción entre los votantes de Kast es ambivalente. Mientras algunos, como el jubilado Guillermo Valdivielso, creen que «está bien que se haga un ajuste», también expresan su temor: «Pero espero que esto no se convierta en un infierno». Otros, como el camionero Ramón Gutiérrez, quien votó por el mandatario, cuestionan la solidez de los argumentos oficiales y hubieran preferido una implementación más gradual. El gobierno enfrenta así su primera prueba de fuego, intentando equilibrar el ajuste económico con la estabilidad social.