A poco más de un año de su fallecimiento, la 50° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires recordó al Nobel peruano con un acto íntimo que incluyó discursos de sus hijos y lecturas de fragmentos autobiográficos.
A poco más de un año de su muerte, la 50° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires rindió homenaje a Mario Vargas Llosa en un acto que reunió a unas 150 personas. La actividad, organizada por la Cátedra Vargas Llosa y por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, comenzó a las 19 y se llevó a cabo en la Sala Victoria Ocampo.
Estuvieron presentes Álvaro y Morgana Vargas Llosa, hijos del escritor; el Embajador de Perú en Argentina, Carlos Alberto Chocano Burga; y la embajadora de México, Lilia Eugenia Rossbach Suárez, entre otras figuras del ámbito cultural.
Uno de los momentos centrales de la noche estuvo a cargo de Álvaro Vargas Llosa, quien dedicó sentidas palabras a la memoria de su padre. “El hombre privado ha desaparecido y ha pasado a ser propiedad pública”, citó, retomando una elegía del poeta británico W. H. Auden dedicada a William Butler Yeats. “Se ha vuelto también un hombre privado en la medida en que cada uno de ustedes hace de él un personaje cuando dialoga de manera privada”.
“Ese personaje que los seres queridos hemos perdido, se instala en la imaginación de cada uno de ustedes”, insistió. “Cada vez que alguien lo lee, cada vez que alguien se tropieza con un recuerdo suyo, lo convierte en una versión propia. Es un invento de cada uno de nosotros”. En ese sentido, planteó que su padre, que dedicó su vida a crear ficciones, atraviesa ahora un proceso inverso: “Se ha vuelto un personaje de ficción”.
Luego recordó que su padre solía decir que “un autor está siempre en sus personajes, incluso en los que más lo repugnan”, y definió a Vargas Llosa como “un soñador, un utópico, alguien que quiso vivir muchas más vidas de las que le estaba dado vivir”. “Hay que buscar la utopía, no hay que renunciar a ella, pero hay que evitar hacerlo en la vida pública”, dijo, retomando una de las ideas de su padre. “Buscar la utopía en la política puede llevar al desastre; en la literatura, en cambio, puede conducir a la belleza”.
También destacó la centralidad del poder como tema recurrente: “Reflexionó permanentemente sobre el poder, sobre el abuso, sobre la tensión entre el individuo y el Estado, sobre la libertad como valor fundamental”.
Antes, el periodista y director de la Cátedra Vargas Llosa, Raúl Tola, había presentado la actividad como un intento de acercarse a una figura “poliédrica e inagotable”. Subrayó el vínculo del autor con Buenos Aires y con la tradición literaria argentina, en particular con Jorge Luis Borges. Tola también anticipó el sentido de la segunda parte del acto: una lectura de textos autobiográficos “puestos en un orden que permitirá reconstruir una vida marcada por la intensidad, la diversidad y el genio”.
Tras los discursos, el homenaje continuó con esa lectura en la que participaron el escritor Alejandro Roemmers, la escritora Paola Vicenzi, el novelista Alonso Cueto, Morgana Vargas Llosa, la autora María Rosa Lojo, el director de la Fundación Gabo Jaime Abello Banfi, el político peruano Pedro Cateriano, la funcionaria peruana Carina Moreno, el escritor Alejandro Vaccaro y Gerardo Bongiovanni. Los fragmentos —en su mayoría provenientes de El pez en el agua— trazaron un recorrido por distintas etapas de la vida del Nobel de Literatura: desde el origen de su familia durante la conquista del Perú hasta su infancia en Bolivia y el momento en que aprendió a leer, que él mismo definió como “la cosa más importante que me ha pasado en la vida”.