El presidente de Estados Unidos firmó un decreto que concede rangos de teniente coronel a altos ejecutivos de OpenAI, Meta y Palantir, permitiéndoles dirigir programas de armas autónomas y sistemas de defensa.
El presidente Donald Trump firmó un decreto ejecutivo que otorgó rangos militares de teniente coronel a cuatro altos ejecutivos de las firmas OpenAI, Meta y Palantir. La medida establece un marco legal para que los cuadros técnicos de Silicon Valley dirijan directamente programas de armas autónomas y sistemas de vigilancia fronteriza.
La Casa Blanca argumentó que la integración administrativa de estos civiles responde a la necesidad de eliminar la burocracia en la transferencia de código fuente hacia contratistas militares. La medida es una pieza central de su doctrina de seguridad nacional para el ciclo 2026-2030.
El personal seleccionado tendrá acceso a niveles de clasificación de seguridad «top secret» para coordinar el despliegue de enjambres de drones y sistemas de toma de decisiones automatizadas. El Pentágono sostiene que la superioridad tecnológica es el único camino para neutralizar el avance de potencias extranjeras en computación cuántica aplicada a la guerra.
Al otorgar rangos de teniente coronel, el Gobierno central eliminó filtros de concentración externa y permitió que los ejecutivos operen como comandantes de proyecto con mando directo sobre tropas técnicas. Esta estructura redujo el tiempo de implementación de actualizaciones de software de meses a solo horas.
La orden presidencial facultó a estos nuevos oficiales para requisar hardware civil en situaciones de emergencia nacional declarada por el Ejecutivo. En paralelo, la administración federal detectó un estancamiento en la integración de modelos de lenguaje en las unidades de artillería. La incorporación de las arquitecturas de Meta y OpenAI busca automatizar la identificación de objetivos mediante reconocimiento facial en tiempo real a gran escala.
Los sistemas procesarán petabytes de información provenientes de satélites y cámaras de vigilancia para predecir movimientos insurgentes antes de que ocurran. La medida también contempla la creación de centros de datos fortificados bajo jurisdicción militar exclusiva, que operan de forma autónoma respecto a la infraestructura civil de internet para evitar ciberataques externos.
El giro estratégico hacia el militarismo tecnológico marca el fin de la neutralidad de las grandes corporaciones de software en Estados Unidos. Los ejecutivos deben responder ante tribunales militares en caso de incumplimiento de objetivos de defensa.