El sociólogo e investigador del CONICET coincidió con las advertencias de Yuval Noah Harari sobre otorgar personalidad jurídica a sistemas de inteligencia artificial y calificó la iniciativa del presidente Javier Milei como parte de un proceso de experimentación tecnopolítica en Argentina.
El sociólogo Ariel Goldstein, investigador del CONICET, coincidió con las advertencias del historiador Yuval Noah Harari sobre la posibilidad de otorgar personería jurídica a sistemas de inteligencia artificial (IA). En una entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil, Goldstein afirmó que la iniciativa anunciada por el presidente Javier Milei se enmarca en un proceso de “experimentación tecnopolítica” y que Argentina funciona como una “tierra de experimentación” para figuras como Peter Thiel.
Goldstein es licenciado en Sociología por la UBA, magíster en Ciencia Política y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Trabaja como investigador del CONICET en el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y es profesor en las carreras de Ciencia Política y en el posgrado de Ciencias Sociales de la misma universidad. Es autor de los libros “La reconquista autoritaria”, “Poder evangélico” y “La cuarta ola”.
Yuval Noah Harari publicó en la red social X: “La semana pasada, el presidente argentino, Milei, anunció una nueva categoría legal para las corporaciones no humanas: empresas dirigidas por agentes de la inteligencia artificial o robots. Al igual que las corporaciones tradicionales, se le otorgaría personería jurídica. Esto puede generar una enorme nueva riqueza, pero muy preocupante también. Entregaría a las inteligencias artificiales una llave universal que otorga el acceso a todos nuestros sistemas financieros, económicos y políticos”. Harari también publicó un artículo en Financial Times titulado “No debemos otorgar personalidad jurídica a los agentes de la inteligencia artificial”.
Goldstein sostuvo que el proyecto para que las IA puedan constituir sociedades y operar con escasa regulación es “algo muy osado” y convierte al país en un laboratorio del “capitalismo algorítmico”. En su análisis, diferenció a los actores del régimen tecnopolítico: “Peter Thiel es un arquitecto del régimen, diseña el régimen, define los contornos que el régimen adopta, es un filósofo. Elon Musk es un acelerador, un operador carismático. El régimen no quiere lo mismo en el centro, donde están las grandes empresas tecnológicas, que en la periferia. En la periferia el régimen puede acelerar, probar, experimentar cosas que en el centro no se pueden probar”.
Consultado sobre la presencia de Peter Thiel en Argentina, Goldstein señaló: “Peter Thiel es el dueño de la empresa Palantir: capitalismo de vigilancia, de seguridad, inteligencia artificial aplicada al tema de la guerra. La presencia de Thiel acá muestra que la Argentina es una tierra de experimentación para la recolección de datos, para probar iniciativas que en Estados Unidos sería más difícil”. Agregó que Thiel podría buscar también un “espacio de refugio frente a una catástrofe ambiental global”.
Goldstein también vinculó el fenómeno con la figura de Elon Musk: “Musk es el que entiende que debe hacerse de X para acelerar el régimen y polarizar. El carisma hoy se produce mediado por dispositivos algorítmicos, eso es una transformación muy fuerte de la política”. Sobre Milei, afirmó que en la periferia figuras como Bukele, Noboa y Milei “condensan, a través de la experiencia del shock, la aplicación de políticas que en el centro no se pueden aplicar de la misma manera”.
El investigador mencionó la encíclica del Papa Francisco sobre inteligencia artificial y señaló que “plantea el peligro de que esta aceleración tecnológica desborde las estructuras democráticas”. También se refirió a la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China: “Estados Unidos, con el desarrollo de modelos de lenguaje automatizado, tiene una ventaja sobre China en términos de seguridad y despliegue bélico. China piensa en el largo plazo, pero hay que ver qué pasa en 50 años”.