Un relevamiento de la Universidad de San Andrés reveló que la capacidad de expresar emociones desplazó a la disciplina y el esfuerzo como principal atributo que los padres desean transmitir. Psicólogos y estudios internacionales documentan el impacto de este cambio en el vínculo paterno-filial.
Un estudio del Centro de Estudios de la Familia de la Universidad de San Andrés sobre 1200 padres argentinos de entre 30 y 55 años indicó que el 71% de los encuestados considera la capacidad de expresar emociones como el atributo más importante que desean transmitir a sus hijos. El ítem superó a la responsabilidad, el esfuerzo y la autonomía. Una encuesta comparable realizada por la misma institución 20 años atrás registraba como respuestas mayoritarias “disciplina” y “cultura del trabajo”.
La investigación del psicólogo Daniel Singley, de la Universidad de California, señaló que los padres que expresan emociones con regularidad delante de sus hijos tienen vínculos significativamente más seguros con ellos. El estudio indicó que los hijos mostraban un 34% más de capacidad para regular sus propias emociones en contextos de estrés. “La figura paterna tiene un peso específico en la construcción del vocabulario emocional de los hijos –declaró Singley–. Cuando un padre nombra lo que siente, le está dando a su hijo un mapa para entender el mundo interior”.
La psicóloga de Harvard Katie A. McLaughlin afirmó que los hijos interpretan el estado emocional de sus padres como información sobre sí mismos. “Un padre triste que no explica su tristeza –indicó– puede ser leído por un niño como ‘algo que yo hice está mal’. La transparencia emocional del adulto, en cambio, libera al niño de esa carga y le enseña que los estados interiores tienen causas externas, que las emociones difíciles no son permanentes y que nombrarlas es el primer paso para atravesarlas”.
Un estudio de la Universidad de Melbourne dirigido por el investigador Mark Dadds midió el impacto de la expresividad emocional paterna en 847 familias a lo largo de ocho años. Los resultados mostraron que los hijos de padres con alta expresividad emocional presentaban menores índices de ansiedad, mayor capacidad de resolución de conflictos interpersonales y vínculos más estables en la adolescencia. “Lo que los padres modelan emocionalmente –explicó Dadds– es tan determinante como lo que enseñan de manera explícita”.
La investigadora de la Universidad de Harvard Jenny Yip documentó la resonancia emocional bidireccional entre padres e hijos. “Cuando los adultos expresan emociones de manera coherente y regulada, las neuronas espejo de los niños se activan de manera intensa, lo que genera –sostuvo– un aprendizaje emocional vicario que es cualitativamente distinto al aprendizaje a través de instrucciones directas”.
El psicólogo Matías Muñoz, autor de “Tras las huellas del amor”, señaló: “La generación de mis hijos habla y dice lo que le molesta. Aunque nos incomode, nos dan una oportunidad de transformarnos y de no volcar sobre ellos nuestras tensiones o conflictos”. Muñoz agregó: “Me gustaría que les quede la idea de que han tenido una madre y un padre que quieren que ellos confíen en lo que sienten”.
Padres consultados describieron cambios en la dinámica cotidiana. Juan Cruz Gioia, padre de Santi (13) y Francesco (5 meses), declaró: “Les digo que los amo todo el tiempo. Trato de hacerlos reír, de siempre estar de buen humor”. Guillermo Busquiazo, chef, padre de Celina (22) y, según dijo, “del corazón” de Rosario (10) y Catalina (8), afirmó: “Aprendí que mostrar lo que sentimos también educa. Mis hijos necesitan ver que uno puede emocionarse, sentirse sensible, cansado o atravesar momentos difíciles y aun así seguir adelante”.
Sebastián Valles, empresario, padre de Luisa (20), Margarita (18) y Carmen (14), describió: “La diferencia aparece en el contacto físico, en transmitir sentimientos y en la naturalidad de la relación. Hoy el ‘te quiero’ y el ‘te amo’ circulan como moneda corriente”.