Un informe de la UBA revela que casi la mitad de los jóvenes argentinos es vulnerable. Un tercio de quienes no estudian ni trabajan dejó de buscar empleo.
El 48,9% de la población argentina de entre 18 y 29 años se encuentra en situación de vulnerabilidad, según el informe “Jóvenes vulnerables en la Argentina: condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro”, elaborado por investigadores del Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires en el marco del proyecto Pidae-UBA.
El relevamiento indica que dos de cada diez jóvenes vulnerables no estudian ni trabajan (fenómeno conocido como “Ni-Ni”). Dentro de ese grupo, un tercio dejó de buscar empleo. Entre quienes trabajan, el 75,9% lo hace en condiciones de informalidad o cuentapropismo, y solo el 18,9% tiene un empleo registrado.
El médico psiquiatra y psicoanalista José Sahovaler, de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), afirmó: “La problemática responde a una crisis profunda donde la Argentina actual no logra ofrecer un horizonte claro de futuro a las nuevas generaciones”. Agregó que “los salarios actuales no representan un estímulo real frente al costo de vida, lo que destruye el incentivo de insertarse en el mercado formal”.
Sahovaler sostuvo que “en un contexto marcado por la incertidumbre constante, estudiar, trabajar o planificar el progreso personal deja de ser una alternativa viable para miles de chicos que no encuentran contención ni oportunidades en el sistema”. También señaló que “en una dinámica social caracterizada por la volatilidad y la falta de arraigo, los jóvenes terminan percibiéndose a sí mismos como figuras prescindibles”.
Hilda Catz, directora del Departamento de Psicoanálisis y Sociedad de la APA, caracterizó el fenómeno “Ni-Ni” como una manifestación de la falta de contención social y de oportunidades estructurales. Dijo: “En general, son chicos entre 16 y 29 años que dejaron el colegio secundario, que no entraron a la facultad, que tampoco tienen trabajo, que hay desempleo, hay falta de oportunidades, hay problemas económicos, deserción escolar”.
Catz declaró: “Sufren de falta de oportunidades porque la sociedad hace más negocios vendiéndole droga que dándole laburo”. Y agregó: “Ese ‘ni-ni’ son jóvenes desconectados, es decir, que tienen un problema muy grande, existencial, y es un problema social. El ‘ni-ni’ es depresión; es una tremenda depresión de un sinsentido de la vida”.
Para Catz, la posibilidad de resistir el desaliento reside en la construcción de los primeros lazos afectivos e institucionales: “Para entenderlo [al mundo], tenés que estar fuerte por dentro. Para estar fuerte por dentro, tenés que tener una estructuración psíquica que resista las tormentas de la vida. El bebé humano no nace terminado; el trabajo de terminar es un compromiso del entorno familiar y de una sociedad que los cuide”.
Finalmente, Catz afirmó: “Yo no le echo la culpa a los padres. Yo le echo la culpa a la sociedad que no protege la célula familiar en los inicios de la vida. Hay una cantidad de suicidios a edades cada vez más tempranas por el sinsentido de la vida”.