La actriz española Maribel Verdú llega a la Argentina con “Bajo tus pies”, película dirigida por Cristian Bernard que explora la transformación de lo cotidiano en amenaza. En una entrevista, Verdú habla sobre su personaje, el oficio y el poder del cine.
El thriller “Bajo tus pies”, dirigido por el argentino Cristian Bernard, se estrena en la Argentina con Maribel Verdú como protagonista. La película sigue a Isabel, una madre que se muda con sus hijos a un nuevo edificio en busca de una vida más accesible y descubre que la aparente tranquilidad del lugar esconde una situación inquietante.
En una entrevista, Verdú explicó que lo que más le interesó del personaje es que “es una mujer absolutamente real, vulnerable y reconocible”. Sostuvo que “no es una heroína de acción; es una madre que toma una decisión puramente práctica para darle un respiro económico y emocional a su familia, y de repente el suelo que pisa empieza a ceder”. La actriz destacó el viaje psicológico del personaje, en el que “el instinto de protección maternal choca con la duda de si lo que ocurre es real o si el estrés y el aislamiento le están jugando una mala pasada”. Afirmó que “el terror más perturbador no viene de monstruos lejanos, sino de cómo la normalidad doméstica se va enrareciendo hasta convertirse en una trampa”.
Consultada sobre el miedo a los vecinos que plantea la película, Verdú declaró que “detrás de ese miedo está la pérdida absoluta de control”. Explicó que “tu casa es el único lugar del mundo donde se supone que bajas la guardia, donde te quitas la armadura y estás a salvo. Cuando la amenaza está justo al otro lado de la pared, o debajo del suelo, esa sensación de seguridad salta por los aires”. Agregó que “esa delgada línea entre la cortesía vecinal y lo siniestro es un terreno fértil para la tensión, porque apela a una paranoia muy actual: la desconfianza hacia el entorno inmediato”.
La película recupera, según sus productores, un imaginario cercano a “The Goonies”, “Super 8” o “Stranger Things”, pero desde una perspectiva adulta y familiar. Al respecto, Verdú señaló que “esa mezcla de aventura juvenil con el peso y la gravedad del mundo adulto me pareció un acierto absoluto”. Afirmó que “partir de lo doméstico —las tareas de la casa, los deberes, la rutina familiar— y meter la intriga ahí dentro hace que el espectador se identifique de inmediato. Si te reconoces en la rutina, el peligro se siente el doble de real”.
En cuanto a su trayectoria, Verdú dijo que “ha cambiado casi todo, sobre todo la serenidad con la que me pongo delante de la cámara”. Recordó que “cuando empiezas eres pura intuición, impulso y también mucha inseguridad, muchas ganas de demostrar”. Sostuvo que con los años aprendió “a despojarte de lo superfluo, a escuchar de verdad al compañero y a confiar en que menos es más”. Añadió que “el oficio se ha convertido para mí en un espacio de juego riguroso, de entrega absoluta y de mucha libertad”.
Sobre qué busca en un proyecto, Verdú declaró que “tiene que haber algo que me remueva en la primera lectura del guion, una chispa que me haga decir: «esto no lo he hecho antes» o «quiero defender a este personaje a muerte»”. Afirmó que “el tamaño del presupuesto me da exactamente igual; he hecho superproducciones gigantescas y películas diminutas con equipos reducidos. Lo determinante es el viaje humano, el equipo y que la historia tenga alma. Si no hay riesgo o emoción, prefiero quedarme en casa leyendo”.
En relación con el papel del cine en la actualidad, Verdú expresó que “el cine tiene un poder casi sagrado que ninguna pantalla individual puede replicar: sentarte a oscuras en una sala con desconocidos y respirar, reír o asustarte al unísono”. Sostuvo que “en un mundo hiperconectado pero paradójicamente tan individualista, el arte sigue siendo la mayor herramienta de empatía que existe. Nos obliga a ponernos en los zapatos de otros, a mirar realidades ajenas y a hacernos preguntas incómodas. El cine nos rescata de la prisa y nos devuelve la capacidad de emocionarnos juntos”.
Finalmente, consultada sobre los momentos que marcaron su carrera, Verdú mencionó películas como “El laberinto del fauno” y “Y tu mamá también”, que calificó como “puntos de inflexión enormes, tanto por el alcance internacional como por la profundidad de lo que vivimos rodándolas”. Dijo que el personaje de Mercedes en “El laberinto del fauno” le enseñó “el valor del coraje silencioso, de la resistencia sin aspavientos”. Afirmó que hacer “Siete mesas de billar francés” o “Blancanieves” le reafirmó “la idea de que este oficio es un privilegio absoluto que exige generosidad, humildad y un amor incondicional por las historias”.