Un análisis de la oferta política fragmentada, la transformación de la pirámide social y las expectativas de los votantes de cara a las elecciones del año próximo.
El sistema político argentino se encuentra en un proceso de reestructuración. La organización bipartidista que funcionó desde el conflicto con el campo hasta las elecciones de 2021 se ha desarticulado. Este cambio dificulta las predicciones electorales para el año próximo, según se desprende de un análisis de la oferta política actual.
El peronismo enfrenta una crisis en múltiples niveles. Por un lado, existe una disputa interna en el kirchnerismo, particularmente en el conurbano bonaerense, entre el gobernador Axel Kicillof y la expresidenta Cristina Kirchner. Por otro lado, el despliegue territorial del peronismo se ha reducido: en 2011, Cristina Kirchner contaba con el apoyo de 20 gobernadores peronistas; actualmente, solo hay nueve, y siete de ellos perdieron las elecciones parlamentarias del año pasado.
El PRO también se encuentra desarticulado, tanto de sus aliados tradicionales (radicalismo y Coalición Cívica) como internamente, con algunos dirigentes que se han sumado al gobierno de Javier Milei, como la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, o que ocupan cargos en la administración actual, como el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y Cristian Ritondo.
En el oficialismo, la caída en la adhesión a Milei según las encuestas genera dudas sobre su reelección. No obstante, el Presidente cuenta con un activo político: la claridad de su propuesta. La oposición, en cambio, no ha logrado articular un mensaje unificado.
Ante la dificultad de interpretar la oferta, el análisis se centra en la demanda: las expectativas y comportamientos de la sociedad. Un dato relevante es la transformación de la pirámide social, según un informe del consultor Guillermo Oliveto publicado en LA NACION. En el segundo trimestre de 2026, la clase alta (5% de la población) requiere un ingreso familiar promedio de $14.000.000; la clase media alta (17%) de $6.500.000; la clase media baja (26%) de $3.000.000; la clase baja (30%) de $2.500.000; y la pobreza (22% de los hogares) se ubica por debajo de los $1.500.000, con un ingreso promedio de $1.000.000.
En comparación con junio de 2025, la clase baja superior (no pobre) pasó del 26% al 30%, mientras que la pobreza disminuyó del 26% al 22%. Este cambio se atribuye a la política antiinflacionaria, que beneficia a los trabajadores informales, y al descenso de sectores de clases superiores.
El informe destaca que Argentina es uno de los pocos países de la región donde la pobreza es mayor que hace 25 años. Según datos de la CEPAL, en 2010 la pobreza en Brasil era del 32% y hoy es del 20,6%; en Uruguay, del 5,9%; y en Chile, del 4,5% (en 2010 superaba el 20%).
En materia laboral, entre febrero y mayo se perdieron 89.000 puestos de trabajo formales. Al mismo tiempo, aumenta el cuentapropismo y la informalidad. Un informe de Econviews, dirigido por Miguel Kiguel, señala que en el primer trimestre de 2026 la desocupación fue del 10,8%, compensada por monotributistas. Las búsquedas en Google de empleo en plataformas como Rappi, Pedidos Ya y Uber muestran una relación directa con el aumento de cuentapropistas, aunque en el último tramo se registró una caída, posiblemente por saturación del mercado.
Otro dato del Indec indica que las personas que cocinan para vender comida y realizar delivery pasaron de 82.000 en el primer trimestre de 2023 a 190.000 en la actualidad. Este fenómeno impacta en el sistema previsional: un monotributista cubre con sus aportes el 3% de una jubilación promedio, mientras que un trabajador formal cubre el 31%.
El deterioro social genera un resentimiento en sectores que descienden de clase. Según una encuesta de Hugo Haime, el 40% de los consultados se siente “triste y desanimado” y el 38% tiene “bronca”. El 34% quiere mantener el modelo económico actual, mientras que el 65% prefiere cambiarlo. Sin embargo, el 55% valora la baja de la inflación como el principal logro del gobierno.
Una encuesta de Pulsar, dirigida por Augusto Reina, muestra que el porcentaje de argentinos que no se identifica con ningún partido político creció del 25% en 2024 al 42% en 2026. Este grupo no es homogéneo: incluye a personas de izquierda que no apoyan al kirchnerismo y a personas de derecha que no simpatizan con Milei.
El Gobierno, ante el desencanto, ha implementado medidas tímidas para reactivar la economía. El Ministerio de Economía estudia un piso salarial de $1.000.070 para la clase media baja, a través de paritarias y sumas no remunerativas. Además, se anunció un plan para que los bancos otorguen créditos hipotecarios con fondos de la Anses, a una tasa de UVA + 7,5%.
El Gobierno también ha intervenido en el mercado de cambios y ha mostrado pragmatismo en sectores como el RIGI, que otorga ventajas impositivas a la minería, el petróleo y el gas. En comparación, el régimen de Venezuela cobra regalías del 16% y un impuesto a las ganancias del 34%, mientras que Argentina cobra 12% y 24%, respectivamente.
La promesa del progreso individual ya no se cumple: muchos hijos viven peor que sus padres. Ante esta situación, el presidente Milei mantiene su discurso de ajuste y estabilización, aunque su ministro de Economía, Luis Caputo, ha implementado medidas intervencionistas. El Presidente parece dirigirse al sistema financiero, que le exige “sangre, sudor y lágrimas” para garantizar el pago de la deuda, según el análisis.