El músico uruguayo Jorge Drexler juega con la sigla de inteligencia artificial en su canción para abrir un debate que cruza arte, tecnología y esencia humana. Desde la derrota de Kasparov hasta la guerra en Gaza, la IA ya no es ciencia ficción: es presente.
Aclaración para desprevenidos: no es un error de ortografía. “¿Hay alguien A.I.? ¿Hay alguien ahí dentro?”. Leer la segunda línea de la canción de Jorge Drexler permite desarmar el equívoco. A.I. es la sigla de inteligencia artificial en inglés. El músico uruguayo aprovecha la analogía para preguntarse hasta dónde puede usarse esa herramienta tecnológica para la creación artística y mucho más.
“Qué hay detrás” sería la pregunta: ¿algo artificial o, aunque sea, vestigios humanos? ¿Puede tomar vida propia la inteligencia artificial y dominar al hombre? El interrogante viene de lejos y el arte lo expresa en cada época. Un antecedente es 2001: Odisea del espacio, el film premonitorio de Stanley Kubrick de 1968. Solo 28 años después, la supercomputadora Big Blue de IBM derrotó al ajedrecista ruso Garry Kasparov, en una serie de partidas que conmocionaron al mundo.
La velocidad de los cambios se multiplicó al infinito. Hoy nos preguntamos si una presentadora de noticias en TV o el cantante que escuchamos en una plataforma son realmente humanos o representaciones de IA. Derechos de autor, testigos en juicios o claves biométricas bancarias están en cuestión. Además, las noticias de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel, y la acción en Gaza, muestran la aplicación de esa tecnología en los combates.
La pregunta que se hace Drexler es la que asalta a cada instante: “¿Qué es lo que hace a un ser ser un ser humano?” y no una máquina. Aunque no la menosprecia: “Me quedo pensando, ¿será buena idea seguirte enseñando? Pensando en la era en que tomes el mando, y pasado mañana te pases a hermana mayor y de ahí a Gran Hermana”. El fantasma de George Orwell, creado en 1949 en su novela 1984, sigue acechando.
La cuestión no es aceptar o rechazar la tecnología, sino quién y cómo la aplica. Hace poco más de un año, Mex Urtizberea convocó a artistas, músicos e intelectuales a debatir sobre el futuro y la IA. “Yo quiero saber si mi tarea va a ser reemplazada”, planteó la escritora Leila Guerriero. “¿Se puede reemplazar la sensibilidad?”, preguntó Mex al científico Diego Fernández Slezak. “Si buscamos cuantificar las sensibilidades, va a haber una computadora que reemplace eso. La pregunta es si queremos hacerlo. Si mantenemos el concepto de que la sensibilidad es una característica humana y no la queremos medir, entonces no va a ser reemplazada”, respondió.
“La máquina la hace el hombre, y es lo que el hombre hace con ella”, plantea Drexler en “Guitarra y yo”, lo que no le impide “jugar” con samplers y sequenzers. “Ningún avatar hiperrealista podrá imitar jamás esa pasión, esa sonrisa sensual y socarrona”, expresaba la colega Valeria Agis para explicar por qué no fue al show “Soda Stereo Ecos”, donde, gracias a la IA, se podía “volver a ver” a Gustavo Cerati. No puedo estar más de acuerdo. “Ahí dentro” no hay nadie. Ese alguien está acá afuera.