El exsenador nacional analizó el presente de la Unión Cívica Radical y señaló la necesidad de construir una alternativa para la mayoría huérfana de representación.
En una entrevista con Infobae al Regreso, Ernesto Sanz desmenuzó el presente y futuro de la Unión Cívica Radical, anticipando los desafíos de cara a las elecciones de 2027. El exsenador subrayó la necesidad de construir una propuesta política capaz de canalizar el descontento de quienes no se sienten representados por los polos antagónicos.
Para el exsenador, la situación actual difiere de aquel escenario: “Estamos ya desde hace varios años con un esquema de bipartidismo antagónico, de guerra permanente de extremos. No es un sistema político virtuoso, es una rueda viciosa donde los antagónicos se alimentan mutuamente porque les da vida”.
Sanz remarcó que esta lógica deja fuera a un amplio sector: “Hoy hay una mayoría huérfana de representación. Esa mayoría debería tener el año que viene un canal de representación. ¿Está construido hoy? No. ¿Se puede construir? Yo creo que sí”.
La fragmentación interna del radicalismo se expresa también en la Cámara de Diputados, el Senado y los gobiernos provinciales, donde los acuerdos con el oficialismo varían según la coyuntura. “El radicalismo está pasando por una crisis muy importante, muy brava. Tiene cinco gobernadores, acuerdos de más o menos intensidad con el Gobierno nacional, y eso diluye su presencia nacional. Tenemos 19 provincias donde no somos gobierno y donde hay mucho radicalismo. Pero es el peor momento de la dimensión nacional del partido”, admitió.
Sanz rechazó la idea de que el futuro de la UCR dependa de una figura personalista: “Me cuesta hablar de nombres. No creo que este proceso deba ser identificado con un nombre. Puede ser Macri o cualquiera, pero sería negativo identificarlo con alguien”. En cambio, planteó: “Se identifica con valores, con ideas fuerza. Esa mayoría huérfana cree en el orden fiscal, en la disciplina fiscal, en el equilibrio fiscal, en conductas republicanas, en un modelo de desarrollo y crecimiento”.
A la hora de evaluar el rumbo económico del país, Sanz destacó el equilibrio de las cuentas públicas como condición necesaria pero advirtió sobre las limitaciones del modelo actual: “El Gobierno logró el objetivo de combatir la inflación y acumular reservas, pero le está fallando la tercera pata, que es el crecimiento. Hoy hay sectores que no están contemplados en este modelo de desarrollo. Las PyMEs la están pasando muy mal”.
El dirigente se mostró autocrítico al analizar el lugar de la UCR en la nueva etapa política: “Hay quienes se plantean si el radicalismo ya cumplió su objetivo central, que era el de democracia para siempre, de aquel 83 y de Alfonsín. Yo creo que el radicalismo todavía tiene mucho por ofrecer. Pero no puede estar anclado solo en una visión del pasado. Si pretendemos representar a esa mayoría huérfana solo con los discursos de Alfonsín, ahí sí vamos a desaparecer”.
La conversación abordó también la vigencia del antagonismo en la política argentina y la dificultad para salir de la lógica amigo-enemigo. “Argentina tiene la enfermedad del péndulo, de pasar del estadocentrismo al mercadocentrismo en un viaje sin escalas, y luego vuelve al péndulo. Este es un momento para construir algo que nos aleje de esa posibilidad”, sostuvo Sanz, evocando el concepto de Carl Schmitt sobre la construcción política basada en la confrontación.
El exsenador reivindicó la importancia de recuperar la persuasión y el debate de ideas: “Gobernar es explicar, decía Fernando Henrique Cardoso. Alfonsín hablaba de la persuasión. Si perdemos la capacidad de persuadir y discutir ideas, es mucho más fácil para los que buscan los extremos armar esos antagonismos”. Para Sanz, la tarea pendiente es ofrecer una alternativa que supere esa dicotomía: “Ojalá que el año que viene la mayoría huérfana tenga una opción electoral genuina y no tenga que refugiarse en extremos que no la representan”.