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Gobierno de Oaxaca retira pintas en el Centro Histórico por “contaminación visual”

La Secretaría de Obras Públicas de Oaxaca de Juárez informó sobre el retiro de pintas en el Centro Histórico, argumentando una acción contra la contaminación visual. Usuarios en redes sociales manifestaron su rechazo al considerar que las imágenes retiradas eran expresiones artísticas vinculadas a protestas.

La Secretaría de Obras Públicas y Desarrollo Urbano de Oaxaca de Juárez informó sobre el retiro de pintas en el Centro Histórico y presentó la medida como una acción contra la “contaminación visual”, con el argumento de preservar espacios “más ordenados, seguros y agradables”.

En una publicación en X, la dependencia señaló: “Continuamos realizando acciones de limpieza y mejoramiento de la imagen urbana mediante el retiro de elementos de contaminación visual” en distintos puntos de la zona centro. Sin embargo, usuarios manifestaron su rechazo al considerar que las imágenes que retiraron, al ser parte de una protesta, eran consideradas arte.

La dependencia gubernamental aseguró en su mensaje que esas labores buscan conservar espacios para quienes habitan y visitan la ciudad. Se trata de una práctica que suele generar disputa pública cuando las pintas retiradas provienen de protestas sociales, sobre todo en áreas de alto valor patrimonial y turístico.

Entre las pintas retiradas se leían frases como “Palestina Libre”, provenientes de una denuncia social. La comunicación de la dependencia municipal se concentró en el mejoramiento visual del Centro Histórico, sin embargo, en las imágenes compartidas se leían claramente consignas de protesta, grafitis o ambas. El ángulo oficial coincide con una línea de discurso que otras autoridades han usado en espacios públicos: presentar las intervenciones contra pintas como medidas de mantenimiento, conservación y reducción del deterioro urbano.

En la publicación en Facebook, usuarios se manifestaron en contra de las acciones y condenaron que las autoridades eliminaran protestas legítimas y las denominaran “contaminación visual”. “Llamar ‘contaminación visual’ a toda expresión artística es desconocer una parte fundamental de la identidad de Oaxaca. Esta ciudad es reconocida mundialmente por su arte, sus murales, sus grabados y la creatividad de su gente. Si el objetivo es mejorar la imagen urbana, debería hacerse con criterios claros y mediante el diálogo con la comunidad artística, no eliminando indiscriminadamente obras que reflejan la historia, el pensamiento y la cultura de quienes habitan la ciudad”, comentó la usuaria Arisbeth Logr.

“Vaya manera de silenciar a la gente que se comunica a través del arte. Le quitan esencia a la ciudad que tanto me encanta”, escribió por su parte la usuaria Hannia Monserrath. También se leyeron comentarios que se tomaron con humor la situación, como el usuario Diego Mjkxl, quien comentó: “Al rato ponemos 10 más”.

Una situación similar se dio esta semana en la Ciudad de México, donde el director del Sistema de Transporte Colectivo Metro, Adrián Rubalcava Suárez, presentó un muro de cerámica resistente al grafiti como parte de la renovación de la Línea 2, con el argumento de mantener limpias las estaciones a largo plazo y proteger la inversión pública destinada a su rehabilitación. El recubrimiento forma parte de las obras en estaciones como Tasqueña, General Anaya, Ermita y Portales, donde la autoridad capitalina busca evitar que las superficies recién intervenidas vuelvan a cubrirse de pintas en pocos días. La lógica expuesta en ese caso no se limitó a la estética: también incluyó la reducción de costos de mantenimiento y de tiempos de respuesta ante actos de vandalismo. En ese contexto, el muro antivandalismo fue presentado por la autoridad capitalina como una extensión del mismo criterio de conservación: si la superficie permite retirar grafitis sin dañar el acabado, el gasto en limpieza baja y la intervención pública conserva por más tiempo su aspecto original.

La referencia sirve para ubicar el caso de Oaxaca de Juárez dentro de un discurso institucional más amplio, en el que las pintas dejan de aparecer solo como expresión en el espacio público y pasan a ser tratadas por los gobiernos como un problema de mantenimiento, imagen urbana y “contaminación visual”, como lo llamó el gobierno oaxaqueño.

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