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Una docente jubilada venezolana relató cómo sobrevivió al terremoto y la incertidumbre por las réplicas

María Miguela, docente universitaria retirada, contó que contrató ingenieros para revisar su edificio tras el sismo, que vive con una jubilación inferior a cuatro dólares y que la solidaridad vecinal es el principal sostén.

Buenos Aires, 28 junio (NA) – Tras los terremotos que afectaron a Venezuela, María Miguela, una docente universitaria jubilada que reside en la capital del país, relató que junto a sus vecinos contrató de manera particular a dos ingenieros para inspeccionar el edificio donde vive, ante el temor de que hubiera sufrido daños estructurales.

En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, Miguela afirmó: “No sabíamos si podíamos volver a entrar a nuestra casa”. Los ingenieros revisaron el inmueble de cuatro pisos y determinaron que las grietas eran superficiales y que, de los edificios inspeccionados en la zona, este era el que mejor había resistido el terremoto. Según explicó, se registraron fisuras en algunos departamentos de la planta baja y del primer piso, mientras que los niveles superiores no presentaron daños de gravedad.

La mujer sostuvo que percibe una jubilación inferior a cuatro dólares mensuales y que en los últimos años perdió 38 kilos por dificultades para alimentarse. Afirmó que el terremoto agravó una situación social que ya era delicada.

Miguela indicó que el miedo persiste por las réplicas: “Hay muchos edificios desalojados porque el temor es que, si vuelve a temblar, los que quedaron en pie puedan derrumbarse. Vivimos con esa angustia”.

Señaló que la solidaridad entre vecinos se convirtió en el principal sostén de quienes lograron sobrevivir: “Nos ayudamos entre nosotros mismos con ropa, comida y agua. Yo doné zapatos nuevos que nunca había usado y algunas prendas para que las llevaran a la gente que perdió todo”.

Entre las escenas que más le impactaron, recordó la de uno de sus vecinos que participó durante horas en la remoción de escombros. “Un hombre de casi 50 años lloraba como un niño porque había logrado rescatar con vida a un chico después de varias horas entre los escombros”, relató.

La docente describió que numerosos jóvenes de su barrio se organizaron espontáneamente para colaborar en tareas de rescate y distribuir donaciones en las zonas más afectadas. Respecto de la situación en La Guaira, uno de los puntos más golpeados, aseguró que “la población intenta ayudarse entre sí con lo poco que tiene” y que la asistencia oficial resulta insuficiente frente a la magnitud de la tragedia.

Finalmente, Miguela declaró: “Lo único que le pido a Dios es que me dé fuerzas para seguir adelante. Necesitamos mucha oración. Es lo que nos da vida y fortaleza para poder continuar”.

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