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Qué ocurre en el cerebro cuando gritamos un gol agónico de la Selección, según la ciencia

Especialistas explican los mecanismos neurológicos y químicos que se activan durante un gol de la Selección Argentina, desde la liberación de dopamina hasta la sincronización de emociones colectivas.

Ese pulso al borde del colapso cobró vida en el agónico 3-2 entre Argentina y Cabo Verde en el Mundial 2026, un partido que este viernes paralizó corazones. Cuando el marcador se ajustó y el destino pendía de un hilo, el cerebro de millones experimentó esa desconexión de la rutina que describe la ciencia: la respiración se detuvo ante la amenaza del empate y la adrenalina inundó el cuerpo. Cada gol de ese final en el alargue no fue solo un cambio en el marcador, sino un fogonazo biológico que transformó la angustia en un grito primitivo de alivio, demostrando que ese 3-2 fue puro instinto de supervivencia.

Especialistas consultados por Infobae explican que lo que ocurre en el cerebro durante esos segundos va mucho más allá del deporte: la pasión, la identidad y la biología se entrelazan en una reacción explosiva que la ciencia comienza a descifrar.

Un gol, una reacción física y emocional

Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA), explicó que cada gol de la Selección es mucho más que un hecho deportivo. El cerebro integra la percepción visual, la anticipación y la tensión previa, pero también la sorpresa, la recompensa y el sentimiento de pertenencia grupal.

“No vemos el gol como un observador neutral. Lo vivimos desde la identidad: ‘es mi equipo, es mi país, somos nosotros’”, detalló el neurólogo. Esa identificación desencadena la activación de circuitos vinculados con la emoción, la recompensa y la respuesta corporal: el corazón se acelera, el cuerpo se tensa, y la celebración se convierte en un acto social.

Escenarios familiares lo confirman: en un living, una madre salta junto a su hijo tras un gol de Messi; en un bar, desconocidos se abrazan sin mediar palabra cuando Cuti Romero anota sobre la hora. La respuesta es universal e involuntaria: pulsaciones elevadas, gritos, gestos y un sentimiento de euforia difícil de comparar con otras vivencias cotidianas.

Andersson sostiene que la clave está en cómo el cerebro asocia el gol con la pertenencia grupal y la recompensa instantánea, haciendo que la emoción se viva como propia.

La descarga de tensión y la explosión emocional

La intensidad del festejo se explica, en parte, por la acumulación de tensión durante la jugada. El cerebro anticipa el desenlace, analiza cada movimiento, y activa un sistema de alerta constante: “¿entrará?”, “¿lo ataja?”, “¿nos salvamos?”.

Cuando finalmente llega el gol, se libera una carga abrupta de alivio y recompensa. Al respecto, Andersson remarcó: “Cuanto mayor era la tensión previa, mayor puede ser la explosión emocional”. Por eso, un tanto como el de penal de Gonzalo Montiel en la final de Qatar 2022 se graba en la memoria colectiva de un país.

No se trata solo de una percepción. Según la Universidad Nacional Autónoma de México, una de las instituciones educativas y de investigación más importantes de América Latina, el fútbol activa un verdadero “cóctel neurobiológico”: ante un gol, el sistema de recompensa cerebral libera dopamina y endorfinas, generando placer y motivación. En situaciones tensas, como un penal o una jugada polémica, se eleva el cortisol, la hormona vinculada al estrés.

Qué sustancias libera el cerebro durante un gol

La ciencia desmiente la existencia de una única “molécula de la felicidad”. En cambio, una red de neurotransmisores se pone en marcha durante la euforia futbolera. La dopamina se asocia con la motivación y la recompensa, la noradrenalina potencia la activación física y la atención, las endorfinas elevan la sensación de placer y la oxitocina refuerza el vínculo social durante los abrazos colectivos. Antes del gol, la tensión y el estado de alerta dominan la escena. Después; la alegría, el alivio y la unión grupal resultan inevitables.

Estudios de la Universidad de Oxford evidencian que los goles activan circuitos de recompensa medibles en el cerebro, liberando dopamina y otras sustancias ligadas al placer. Además, se ha comprobado que ver fútbol en grupo intensifica estos efectos, sincronizando las emociones colectivas y fortaleciendo los lazos sociales.

El gol como experiencia colectiva y biológica

La reacción no se limita a lo individual. Investigaciones lideradas por el doctor Francisco Zamorano, de la Universidad San Sebastián en Chile, utilizando resonancias magnéticas, comprobaron que un gol de un equipo favorito desata una “erupción” en el sistema de recompensa cerebral, similar a la experimentada con comida, sexo o drogas.

Cuando el gol ocurre contra un rival histórico, la actividad es aún mayor. Zamorano advierte que estas respuestas ayudan a entender fenómenos de fanatismo y pertenencia que trascienden el deporte.

La explicación se apoya en el funcionamiento de las neuronas espejo: estas células permiten que el cerebro “imite” internamente las acciones que observa. Por eso, frente a una definición de Messi, el espectador puede saltar del sillón, apretar los puños o gritar antes de que termine la jugada.

Más allá de la celebración, la ciencia sugiere que la emoción compartida tiene efectos positivos en la salud mental y fortalece la cohesión social. El fútbol, especialmente en Mundiales, se convierte en un fenómeno colectivo donde la frontera entre espectador y protagonista se diluye y el gol se graba como un recuerdo imborrable.

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