La escritora argentina Ariana Harwicz fue apartada del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades Cultur Alh de Granada, España, tras la presión de agrupaciones estudiantiles y de un grupo de intelectuales. Los organizadores argumentaron que no podían garantizar su seguridad física. El escritor irlandés John Banville se retiró del evento en solidaridad.
La escritora argentina Ariana Harwicz fue excluida del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades Cultur Alh de Granada, España, según informaron los organizadores. La decisión se produjo después de que agrupaciones estudiantiles y un grupo de intelectuales ejercieran presión para impedir su participación.
Harwicz, autora de novelas como Matate amor, La débil mental, Degenerado y Perder el juicio, reside en la campiña francesa desde 2017. Ha recibido premios y reconocimientos internacionales, y publicó el libro ensayístico El ruido de una época.
Los organizadores del festival, entre los que se encuentra la Universidad de Granada, argumentaron que no podían garantizar la seguridad física de la escritora si participaba. La Universidad de Granada posteriormente se pronunció sin asumir responsabilidad directa.
Entre las personas que atribuyeron a Harwicz declaraciones que avalan el genocidio en Gaza se encuentran la argentina Rita Segato, la chilena Lina Meruane, la mexicana Brenda Navarro y la ecuatoriana María Fernanda Ampuero. Harwicz nunca realizó esas declaraciones.
El escritor irlandés John Banville, una de las figuras invitadas al festival, se retiró del evento en solidaridad con Harwicz. La escritora argentina manifestó su disposición a participar y debatir, pero los organizadores le negaron esa posibilidad.
La filósofa estadounidense Susan Neiman, autora del libro Izquierda no es woke, ha señalado: «Puede que la derecha sea más peligrosa, pero la izquierda de hoy se ha privado a sí misma de las ideas que necesitamos si queremos resistir el brusco viraje hacia la derecha».
En su libro El ruido de una época, Harwicz escribió sobre la misión del escritor: «Escribir lo que tiene que escribir. Aunque no sea el libro que le conviene, aunque destruya su figura de autor, aunque no sea lo que se espera de él, aunque le adviertan que así no tendrá muchas traducciones ni premios. Y, sobre todo, aunque lo puedan cancelar».
El caso ha generado debate sobre la libertad de expresión y las prácticas de cancelación en el ámbito cultural.